Yohandra Laguarda. Foto tomada de ahora.cuYohandra Laguarda. Foto tomada de ahora.cuCasi no se reconoce debajo de la sombrilla, pues una pañoleta le cubre la cabeza. El sol está fuerte y debe ir preparada para llegar hasta Pozo Viejo, Los Almácigos o Los Moscones, barrios retirados del Consejo Popular de Las Casimbas, del cual es presidenta. Es como una hormiguita y se llama Yohandra Laguarda Labrada.

Cuando indagamos por ella en un puesto de gastronomía, nos dijeron: “Siempre viene por aquí, pero todavía no ha pasado”. Lo mismo ocurrió en el punto de embarque de la carretera hacia Buenaventura, en el municipio holguinero de Calixto García: “Ahorita mismo debe aparecer por ahí”, lo cual nos confirmó, aún sin conocerla, que debía tratarse de una mujer consagrada a su labor y a la confianza que sobre sus hombros depositaron sus electores.

Llegamos y algo de asombro se reflejó en su rostro, al enterarse que la buscábamos para una entrevista: “Me disculpan, estaba preparándome para una reunión. Es que la casa es también mi oficina”, dijo, y corrió al espejo cuando vio la cámara.

Descubrimos en ella a una mujer llena de coraje y, a la vez, de delicadeza, belleza y sencillez, como una flor silvestre.

Extensas distancias, alrededor de 73 kilómetros, recorre esta muchacha de pequeña estatura e inmenso corazón, que jamás acepta un “no” como respuesta, y orienta a cuanta persona demande su atención, aunque no sean electores suyos.

Aunque estudió Licenciatura en Inglés, muchos le dicen que debió ser psicóloga. Quizá porque, más allá del cargo, es la médico del alma de Las Casimbas: “Hasta para hablar de problemas familiares me buscan, pero aunque yo sepa que no tengo la solución, los atiendo y oriento dónde pueden documentarse, lo cual me obliga también a estar cada día mejor informada”, acota.

Asombra tanta entrega. No hay domingos libres en su almanaque. Siempre algo que hacer, alguien a quien atender.

Tiene esposo y un hijo, que es su orgullo y al parecer le sigue sus pasos. También su padre y su madre requieren atención, mas se las arregla para cumplir con los deberes hogareños y la labor de presidenta.

“A veces se torna un poco difícil. Mi día inicia con el canto del gallo y antes de salir a mis recorridos diarios dejo listo todo en el hogar, tengo la comprensión y ayuda de mi familia, que en ocasiones me preguntan cuándo dejaré tiempo para descansar tranquila o cuándo comeré a una hora normal”, comenta.

“Realmente no creí que sería elegida, pues fuimos tres compañeros a boleta. Pero para asombro mío, me eligieron en la misma primera vuelta”, prosigue.

“La tarea no es fácil. Hay días estresantes, sobre todo cuando estás en el período de rendición de cuentas de los delegados, pero me llena de satisfacción ver que mis electores y vecinos respiran mejor después de haberles orientado o ayudado.

“Mi Consejo es amplio, cuenta con ocho circunscripciones dirigidas por tres mujeres y cinco hombres. A veces es un poco difícil estar en todos lados, pero me planifico bien para no descuidarlos. Ser Presidenta de Consejo y llevar el hogar como se debe tiene su complejidad cuando uno quiere hacer bien el trabajo”, afirma.

Es muy meticulosa en el desempeño de su labor y sus conocimientos y experiencia de tres años como delegada los comparte con sus compañeros. “En un primer momento mi tarea fue formar a los nuevos delegados de circunscripción, explicarles y guiarlos para que sepan cuál es su desempeño, que conozcan la Ley que nos ampara, pues así se fortalece el trabajo en la comunidad, además de la labor preventiva que les corresponde a los representantes del pueblo ante el Estado, de modo que el Consejo marche bien y los electores se sientan atendidos.

“En ocasiones me coinciden las actividades de las circunscripciones; por eso me empeño en que mis delegados estén bien preparados y puedan desenvolverse aunque yo no esté. Debatimos en los barrios el discurso de Raúl y las acciones para lograr la cohesión de las fuerzas en las comunidades y enfrentar el delito, la corrupción y las ilegalidades. Creo que el verdadero gobierno está en el barrio, en tu Consejo. Imagínate que aquí yo tengo seis unidades productivas entre cooperativas campesinas, una empresa pecuaria, siete escuelas primarias, consultorio del médico de la familia, escuela secundaria básica y cuatro círculos sociales, de los cuales tres están en arrendamiento, experiencia que inicia y se evalúa.

“Por eso ando de aquí para allá, conversando con el pueblo, nutriéndome. Voy a la tienda, intercambio con los que están, converso con los administradores, les exijo. Siento que la gente me quiere, con toda modestia lo digo. La muestra está en la confianza que me tienen, y esto forma parte de la gratitud y el reconocimiento a mi labor. Pero eso una se lo gana con el respeto a los demás”, y acota entusiasmada: “Ahora nos ganamos la sede municipal por el advenimiento del Aniversario 55 del Triunfo de la Revolución”.

La sensibilidad y eficacia en la labor que desempeña son más que evidentes en Yohandra cuando cuenta cómo lograron encaminar a la viejita Mirtha o las soluciones, a veces ingeniosas, buscadas a los problemas de sus electores a través de recursos locales.

Sin embargo, la profe-Presidenta no olvida el aula: “No se lo digan a nadie, pero cada vez que llego a una escuela siento algo dentro de mí que me hace pensar que nunca dejaré de ser maestra”, dice y se ríe, como sólo se saben reír las profesoras, las delegadas, las cubanas...

 

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