Foto: Artemio Leyva.La Jíquima, localidad del municipio holguinero de Calixto García, está identificada en sus memorias por constituir un polo productivo de cítricos, en el que los estudiantes del plan de escuelas en el campo vinculados al régimen de estudio-trabajo, realizaban una gran parte del laboreo en la atención cultural y la cosecha de los frutos.
Las vetustas plantaciones fueron desapareciendo por la falta de renovación y el azote de plagas y enfermedades que redujeron a troncos leñosos las más de 700 hectáreas de toronja, naranja y limón que disponía la Empresa Citrícola Jíquima.
Aún cuando ya se venía hablando de la recuperación paulatina de las plantaciones de cítricos no fue hasta el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuando quedó concretado el empeño en uno de los Lineamientos de la Política Económica y Social de la Revolución.
“La demolición de lo que constituían vestigios de los sembradíos de cítricos constituyó el paso inicial, luego vino la materialización del proyecto de las casas de cultivo protegido para la creación del vivero tecnificado, acogido a rigurosas medidas fitosanitarias y ambientales, de lo que trata es de coexistir en medio de plagas realizando efectivos y sistemáticos controles”, argumentó Roberto Rodríguez, director de técnica y desarrollo en la Empresa Agropecuaria Jíquima.
La renovación de las plantaciones no ha avanzado como muchos hubiesen querido, pero luego de poco más de un año de inicio de ese completo proceso ya se encuentran plantadas 32 hectáreas que muestran un vigoroso y ascendente desarrollo vegetativo, favorecido por una esmerada vigilancia sanitaria y atención cultural que incluye aplicaciones sistemáticas de productos biológicos y materia orgánica.
El centro de la atención se encuentra hoy en los viveros tecnificados, convertidos en la fábrica donde se producen las plantas que de forma sistemática deben contribuir a repoblar de cítricos las áreas seleccionadas según los requerimientos de agrotecnia del suelo.
Erasmo Espinosa, técnico fundador de la Empresa, asume con gran sentido de pertenencia la responsabilidad de dirigir el vivero tecnificado pensando en la perspectiva de garantizar plantas como para cubrir la demanda de 70 hectáreas a sembrar cada año.
“En esto hay que estar concentrado para cumplir con rigor la carta tecnológica, precisar cada detalle en los requerimientos fitosanitarios para actuar conforme a lo establecido ante cada incidencia de la vigilancia sanitaria con el objetivo de llevar a los campos posturas certificadas por su alta calidad”, precisó Erasmo Espinosa, especialista del vivero tecnificado.
Entre los trabajadores y directivos de la Empresa reina el entusiasmo a pesar de las limitaciones que impone la no ejecución de inversiones para la ampliación y modernización de los sistemas de riego porque La Jíquima volverá a ser lo que fue, un espacio donde crecen y florecen los naranjos para el bien de la economía.
