Norma Torres, sencilla y amorosa, pero firme de carácter cuando se trata de formar bien a los educandos. Foto: Ariadna HernándezEl Sindicato Nacional de la Educación, la Ciencia y el Deporte premió con la medalla Rafael María de Mendive a la maestra Norma Torres Proenza, del Centro Escolar Wilfredo Peña, en el holguinero municipio de Calixto García.
Con ella conversé minutos después de recibir este alto galardón, en el cine Moscú, del poblado de Buenaventura, a propósito de la celebración del Día del Educador, el pasado 22 de diciembre.
¿Cómo te sientes luego de recibir este reconocimiento?
Feliz. Es el mejor regalo de mi vida porque es fruto de cerca de 45 años dedicados al magisterio con mucho amor; yo nací con esa vocación y disfruto lo que hago.
La familia asume un rol protagónico a favor del proceso docente-educativo. ¿Cómo valoras el desempeño realizado por tu colectivo en este sentido?
Se ha trabajado en el fortalecimiento de las relaciones de la escuela-familia y esto nos ha permitido ir dando pasos más sólidos en este sentido, pero aún hay mucho por trabajar sobre todo desde la propia comunidad porque todos tenemos responsabilidad en la formación de la nueva generación.
¿Has pensado en algún momento jubilarte?
Hasta ahora no, porque me siento bien y con deseos de continuar aportando a la educación, compartiendo los conocimientos con los nuevos profesionales que se incorporan y dispuesta para continuar en las aulas con el cariño de mis alumnos.
Norma no solo te destacas profesionalmente, sino también te conviertes en motor impulsor del quehacer femenino en la Federación de Mujeres Cubanas. ¿Cómo logras esto?
Yo digo que siempre hay tiempo para todo, lo que se necesita es una buena planificación y estar dispuesta asumir el reto. El trabajo en la base necesita de mucha entrega, pero también de responsabilidad y compromiso para desempeñarlo y tratar de motivar y mantener vivo el entusiasmo en nuestras mujeres.