Palminio en sus quehaceres en el campo. Fotos: Iraldo Leyva.Palminio en sus quehaceres en el campo. Fotos: Iraldo Leyva.“Cuando triunfó la Revolución yo era campesino, y recuerdo que cuando era muy chiquito y antes de 1959, trabajé duro en la siembra de platanales y naranjales en la finca que era de la familia; en el caso de la naranja cosechamos en una oportunidad mil quintales, pero había que pegarse al surco”.

Palminio Pintado Pino es el protagonista de este relato. De 86 años de edad, natural del holguinero municipio de Calixto García,  recuerda con claridad su infancia en el barrio de Pozo Blanco, apegado al sembradío: “A mí no hay quien me haga cuentos, mis hermanos y yo nos levantábamos bien de madrugada, había que ordeñar la vaquita para la leche del desayuno, y después afincarnos duro junto a papá, pero no todo el mundo tenía desayuno, muchos iban con un trago de café o de agua de azúcar y no paraban hasta el mediodía para continuar en la tarde”.

“No obstante, mis padres se ocuparon de nuestra instrucción, y a la par que ayudábamos en la plantación procuraron la asistencia mía y de mis cuatro hermanos a la escuela de Buenaventura, con una maestra como María Mora, maestra de maestros por su sabiduría, por el arte y por la paciencia para enseñar y educar, era respetada y muy querida por todos nosotros”.

Palminio y su hija Antonia.Palminio y su hija Antonia.Estas y otras experiencias  contribuyeron a forjar en Palminio a un hombre humilde, consagrado y preparado para dirigir en el campo: “Siempre digo que administraba desde el mar del sur hasta el mar del norte porque con la Revolución me dieron la tarea de atender el acopio desde la  zona de Cauto el Paso, hasta Santa Lucía, hoy municipio de Rafael Freyre.”

Este octogenario ya jubilado, dice que estuvo más de 30 años dirigiendo, sobre todo en este territorio, en Holguín, Gibara y Freyre: “Pero siempre atendí a mis dos hijos, la hembra Antonia María, técnica en contabilidad, y el varón Palminito, quien dirigió diferentes formas productivas con positivos resultados”.

Se pone de pie el testimoniante, se acerca a su juguetón ternero ¿se dispondrá este abuelo con sus 86 primaveras a ordeñar su vaca y extraer la suficiente leche para compartir con sus invitados? Esperemos.

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