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randolfo_aguilera.jpgOtro de los integrantes del fabuloso equipo Vaqueros del Oeste, campeón del Torneo Nacional de Clubes del año 96, es Randolfo Aguilera, natural de la barriada de Guayabo, municipio holguinero de Calixto García.

Randolfo se distinguió como lanzador, con excelente desempeño en la temporada del 92, en la que nuestros peloteros se alzaron con el título provincial y con el subtítulo en el torneo del país, al caer en la final ante el trabuco de Pinar del Río.

Con este atleta, también dialogamos el pasado día 7 de septiembre, a propósito del encuentro por el XV aniversario de la gran victoria.

 

¿Cómo recuerdas el momento final de aquel último juego en Matanzas?

“Aquello fue algo maravilloso, lo más lindo que ha pasado en mi vida, de verdad te lo digo, yo creo que aquel título ganado en el 96 nos dio para siempre un lugarcito en el corazón de este pueblo calixteño”.

¿Recuerdas lo que hiciste cuando se produjo el ponche a Carlos Kindelán?

“Eso no se me olvidará nunca, tu sabes que menos Alexander, que estaba lanzando y Maldonado, que estaba calentando, todos los otros pitchers estábamos en el banco y cuando Kindelán se ponchó, aquello fue una locura, salimos todos para el montículo y allí nos reunimos todos, los regulares y nosotros, nos abrazábamos, saltábamos, gritábamos, fue una emoción  grandísima, te repito, lo más grande que yo he vivido”.

En el año 92, cuando se alcanzó el subcampeonato, tuviste mayor protagonismo que en el 96, ¿te sentiste molesto o disgustado por ello?

“Nunca, yo creo que todos aportamos, unos más que otros, eso es así en cualquier deporte y en cualquier torneo, por ejemplo, hice un buen relevo frente a Yara y le gané a Santiago de Cuba, pero además, en todos los juegos le decía a Vera: oye, si hace falta relevar, aquí estoy, sucedió que los demás estaban mejor que yo y el atleta que no entienda eso, está perdido”.

Sin embargo, se que en el segundo encuentro, allá en el Victoria de Girón, cuando explotaste en los inicios, te sentiste muy mal, ¿no es eso un disgusto?

“Sí, pero distinto. Ese día me sentí muy mal porque no pude responder y pensé en el equipo, en la afición, en mis padres que tanto me seguían y estimulaban, pero al final se ganó el juego y ya todo se me pasó, por lo que te decía, otros estaban mejor que yo y lo importante es que respondieron y ganamos”.

Hoy, al cabo de 15 años del memorable acontecimiento, ¿cómo calificas este encuentro con una buena parte de tus compañeros de equipo?

“Esto es algo fabuloso, recordar juntos todo lo que vivimos en aquel año, lo bueno y lo malo, como aquella injusticia del árbitro de Matanzas, que nos quitó la victoria en el sexto juego y nos hizo sufrir tanto. Muy bonito esto. Ojalá que un día nos podamos encontrar todos, los 22, eso sería lo más lindo que nos pasara”.

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