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Los que conocen de béisbol, ya sean peloteros, entrenadores, periodistas o aficionados, saben lo difícil que resulta encontrar un primer bate que cumpla su misión principal dentro del equipo, llegar a primera base, por cualquier vía, en por lo menos un 50 por ciento de las veces que se para en el rectángulo de bateo.

Por suerte para los calixteños, en aquella década memorable de los años 90, contamos con una figura, que a fuerza de tesón se convirtió en el hombre proa más sobresaliente que se recuerde por esta comarca. Nos referimos a Dioscórides Batista, con quien compartimos el pasado día 7 de septiembre, a propósito del encuentro con los miembros del equipo Vaqueros del Oeste, del 96.

¿Recuerdas lo que hiciste cuando se produjo el ponche a Carlos Kindelán?

“Primero que todo, creo que di los saltos más espectaculares de mi vida, inmediatamente después encontrarme con Alcidito cerca de la segunda almohadilla y allí nos abrazamos de una manera tan especial, con tanta fuerza y deseos, que es difícil que la gente lo comprenda, solo nosotros sabemos de la manera que lo hicimos. En ese breve tiempo, nos reímos, lagrimeamos y corrimos para la zona de pitcheo, donde ya estaban Santiago, el “Pinto”, Juan Carlos y los que estaban en el banco, aquello fue lo más lindo que he vivido”.

Háblame de lo vivido el día anterior, con aquella amarga situación provocada por el árbitro Belismelis.

“Mira, si algo de lo que yo no quisiera acordarme nunca, es de aquella injusticia de aquel árbitro matancero, que puedes estar seguro que fue mal intencionada, porque el out que sacó Santiago, fue tan claro que el más malo en esa profesión lo cantaba sin mirarlo, si lo vimos nosotros con claridad, por lo menos Juan Carlos y yo, que estábamos en el ala derecha, aquello fue algo que nunca lo vamos a olvidar, ni a perdonar”.

Por cierto, fuiste de los primeros en asumir una actitud enérgica, que evitó males mayores.

“Aquel momento fue muy tenso para mí, pues yo estaba claro de la infamia del árbitro, sin embargo tuve que meterme rápido y sujetar a Juan Carlos y a Santiago, que se volvieron como locos y estuvieron a punto de meterle la derecha a aquel hombre y no podíamos llegar a eso, porque entonces los iban a botar del juego y te imaginas sin aquellos dos horcones que pudiera haber pasado en el ultimo juego, ni pensarlo es bueno, por suerte algunos reflexionamos rápido”.

¿Dormiste aquella noche?

“Siempre dormí tres o cuatro horas, aunque no era fácil quitarnos aquello de la cabeza, me di una buena terapia y me dije, duerme Corito, que lo de hoy ya es historia y la de mañana está por hacer todavía y estábamos obligados a escribir el final victorioso de la historia, así fue que a la una o las dos de la madrugada logré conciliarme con los angelitos”.

¿Qué me cuentas del recibimiento del día 8?

“Ni hablar, lo más grande, yo digo que eso es algo que pasa en la vida de una persona que no es famosa, una sola vez, muy difícil que se repita”.

Tú resides en Vista Hermosa, ¿estaban algunos de tus familiares aquí, en Buenaventura?

“Imagínate, allá no se quedó ni el gato, estaba toda mi familia y decenas de vecinos y amigos del barrio”.

Estás considerado uno de los peloteros calixteños más habilidosos de todos los tiempos, ¿picardía natural o experiencia acumulada?

“Creo que las dos cosas, pues dicen que desde niño era hábil para batear, correr y fildear, sin embargo, ya en la primera categoría, hice mucho caso al director René Vera, lo otro llegó con el tiempo, la experiencia es la que pule a los atletas, yo entrenaba mucho, porque quería llegar, quería jugar buena pelota”.

¿Siempre tuviste esa vista prodigiosa para saber discernir los conteos?

“Eso si nació conmigo, además lo practicaba mucho, en el entrenamiento y en la casa”.

No hay dudas de que has sido uno de los mejores primeros bates del territorio holguinero, pues además de los hits que conectabas y las bases por bolas, recibías muchos bolazos, ¿te preparabas para ello?

“Yo me preparaba para llegar a primera base por cualquier vía, para eso era el primero en la tanda. Mira, cuando los juegos estaban apretados, antes de ir a batear, nos reuníamos y Juan Carlos y Santiago me decían, lo tuyo es llegar a primera, no importa cómo, de lo otro nos encargamos nosotros. Imagínate, tenía que llegar y muchas veces, para lograrlo, tenía que aguantar el pelotazo”.

La combinación con Alcidito, alrededor de segunda, hizo historia, ¿qué me comentas al respecto?

“Nosotros entrenábamos fuerte. Muchas veces, cuando la gente se iba para la casa o el albergue, Alcidito y yo nos quedábamos en el terreno, buscando eso, lograr una combinación, repetíamos diferentes jugadas, para adelante, para atrás, para los costados y así fue como logramos la compenetración, de mirarnos, ya sabíamos lo que queríamos”.

¿El pitcher más difícil que enfrentaste?

“Eso ni se piensa, Pedro Luis Lazo”.

Hoy, quince años después del fabuloso triunfo, ¿qué impresiones te dejan este encuentro?

“Esto es lindísimo, imagínate, aquí hay algunos compañeros que hacía cuatro o cinco años que no veía, como Juan Carlos Campo, Alcibíades, Ramón Aguilera, este reencuentro me ha echo palpitar de nuevo el corazón”.

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