Hace justamente hoy 14 años el equipo de béisbol de este municipio holguinero de Calixto García escaló la cima de la gloria al ganar el Torneo Nacional de Clubes Campeones.
Fue un triunfo peleado y dramático, pues en ninguno de los compromisos particulares se le señalaba como favorito.
Primero, dejó en el camino a la selección de Yara, luego, a los trabucos de Santiago de Cuba y Guáimaro, para enfrentar, entonces por el título, al fuerte elenco de Matanzas.
Fue en el espacioso estadio Victoria de Girón de la ciudad yumurina, donde el dramatismo alcanzó ribetes insospechados, pues una injusta decisión del árbitro de home nos privó del triunfo en el sexto juego, provocando que el play off se extendiera al séptimo y último desafío.
Lo vivido aquella tarde allá en Matanzas y aquí en el territorio calixteño no tiene paralelo, es algo sencillamente imposible de describir en toda su magnitud.
Cuando el corajudo relevista Alexander Rodríguez propinó el histórico ponche al ya desaparecido Carlos Kindelán, se concretaba el aut 27 y con ello, un enorme estampido hizo estremecer el campo de juego y gran parte del oriente cubano.
La brillante carrera de Juan Enrique comenzó aquel año 96Los que estábamos en el lugar de los hechos, que éramos decenas, no atinábamos a otra cosa que saltar, gritar, abrazarnos, las mujeres lloraban, los protagonistas: Santiago Torres, Dioscórides Batista, José Manuel Estrabao, Juan Carlos Bruzón, Bismark Fernández Mola, Rafael Valera, Alcidito Velázquez, Ramón Aguilera, Yoanis Quintana, Alcibíades Peña, Juan Enrique Pérez, el propio Alexander, ellos y el resto de los peloteros, junto al mentor René Vera Batista y sus auxiliares, corrieron hacia el montículo a recibir, durante varios minutos, los vítores y aplausos de matanceros y holguineros que se dieron cita en la instalación, sin sospechar, tal vez, que vivirían momentos inolvidables de sus vidas.
Acá, según nos contaron, una gigante explosión de euforia estremeció los cimientos de centenares de kilómetros a la redonda. Miles y miles de aficionados del Oriente del país desbordaban de alegría. En el terruño de los campeones, no quedó un alma en casa. Las calles, los caminos, la carretera central, guardan aún el resonar de los calderos, un sonido que perdurará en el tiempo como símbolo de alegría popular, recordándonos por siempre que el 7 de septiembre de 1996, los VAQUEROS DEL OESTE y los calixteños todos, TOCAMOS EL CIELO CON EL CORAZÓN.