Culturales

nicolas guillen compilacionSu barco de papel viaja por el mar de Las Antillas. Encontró su timonel entre las líneas del poeta que definió su curso inequívoco hacia el largo lagarto verde con ojos de piedra y agua.

No importaron las islas que pasaron, las muchas islas. Siempre tuvo claro dónde estaban sus orígenes. Quizás porque había bebido el agua de los tinajones de su Camagüey natal.

Uno de los puertos a los que arribó fue el periodismo. Tal vez se debió a la herencia legada por su padre o al abandono de los estudios que lo convertirían en abogado. Lo cierto es que, independientemente de la marea que lo llevó hasta allí, tuvo una obra fructífera que le permitió estampar su firma en varias publicaciones cubanas.

En el ir y venir hizo escala en ciudades europeas, justo en un momento de tanta complejidad como la Guerra Civil Española. Llegó al Congreso por la Defensa de la Cultura, donde coincidió con otros grandes de las embarcaciones líricas como Lorca, Neruda o Vallejo.

Arrullado por el oleaje nació la balada de los dos abuelos, donde se fusionaron los únicos tripulantes del viajero barco de papel. De un lado el abuelo negro, africano, traído también por mar y obligado a trabajar. Del otro el abuelo español, el componente blanco. Pero que en suma lo habían creado a él.

Pero justo ahí el ritmo cambió y la negra saltó del barco. Ritmos, ritos y creencias, junto a la inconfundible sonoridad africana brotaron de “Sensemayá” o “La Muerte del Ñeque”, lo que distinguió a su creación, al punto de ser llamada poesía negra.

El tiempo pasó. Llegó 1959 y el poeta sintió que por fin tenía todo lo que tenía que tener en su lagarto de piedra y agua. Y para conservar lo logrado lanzó un canto en el que pidió todas las manos para hacer una muralla, una muralla abierta a todo lo bueno de la tierra.

Ahora, ya en tierra firme se dedicó a liderar la organización que acoge a los escritores y artistas cubanos. Era, es un barco mayor: la UNEAC.   La exaltación del negro y la situación social fueron las brújulas de su embarcación creativa, dos aspectos que sin dudas impulsaron las velas para convertir a Nicolás Guillén en el Poeta Nacional de Cuba.

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