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daerLa novela era una asignatura pendiente en el escritor Daer Pozo Ramírez hasta que escuchó al Premio Casa de Las Américas Emerio Medina, que lo incitó a viajes profundos hacia obras definitivas, pero cómo llegó la novela hasta uno de los sobrevivientes literarios de Buenaventura.

“No quería morir sin la escritura de una novela, pero eran necesarios otros acontecimientos por encima de una necesidad intelectual. Para escribir hay que vivir. Y encontrar en una noche de julio a cierto ‘fantasma’ fue el detonante decisivo para indagar y correr al ordenador para acopiar ese conjunto de hechos que arman un ser, y que lo convierten en literatura en la medida que asumimos cierta paternidad sin paternalismo”.

Argamasa en su ópera prima. Para el escritor Alejandro Querejeta es una obra que merece publicarse inmediatamente. ¿Por qué?

“El intelectual Alejandro Querejeta me sorprendió con su respuesta ante mi petición de que leyera Argamasa. También resaltó la estructura narrativa, que busca cierta novedad y muy experimental, en una historia que contiene realismo sucio y a la vez la lírica, que es esencial en lo cubano. Es una novela con Buenaventura como rosa náutica y un joven busca vida, portador de la rosa blanca mientras se baña en un charco”.

La inocencia pensada es la continuidad de Argamasa, pero con otro conflicto…

“El ‘fantasma’ encontrado y todavía sobreviviente, me asalta en la urgencia del juego de roles y así el viaje al conocimiento humano del hoy mismo, que es la época que habitan las tres novelas. El hoy necesita de ese acto de relajación, que es habitarlo y conservarlo, desde la astucia del héroe cotidiano. Y es que yo no imaginaba a los cincuenta y tantos perder los estribos y casi los perdí, por lo que pude volver a mis años de profesor en las escuelas en el campo y así completar la carta que me faltaba en la vida: el vástago perdido en la aventura juvenil.

La inocencia pensada es ese ajuste de cuentas con lo pendiente, lo que necesito y no está espiritualmente, por eso hay que leer la novela para llegar al final, que nos somete a un ejercicio de presión constante para así nunca ‘quemar los metales’ por gusto”.

Tras los armones del octavo invierno se arma en este julio de 2019. ¿Cuál es la esencia de esta novela?

“Se arma en el acto de acopiar los últimos destellos del ‘fantasma’, que en su entierro nos lega la cercanía de la muerte bella, que es el último aliento de la virginidad.

“Es mi tercera novela un acto serio frente a la inquietud de Argamasa y la fertilidad a contra golpe de La inocencia pensada. Aquí la solidez argumental se quiebra ante la necesidad del hombre de volverse aspersor y que nada le sorprenda.

“Se trata de una obra que imanta necesidades sentidas y no siempre asistidas. En ella está el eros y la rosa blanca. Está la necesidad de morir, que es la más triste y febril de las necesidades. Sin embargo, no considero que sea una novela gris. Será una obra para ir como Adriano, a morir frente al mar”.

Aunque la urgencia de escribir sea y es, hay un espacio de desmonte y de rearmar la voluntad serena de no perder los estribos y empinar la lógica hacia el final definitivo, que casi siempre es seguir con las botas puestas y sin medias tintas. Daer Pozo no se apura en publicar su trilogía. Hay que volver muchas veces a la misma página y hay que volver muchas veces a cientos de cuartillas. Hay que volver. La suerte está echada en Buenaventura. Y hace un año el escritor firmó la sentencia ante la provocación de Emerio Medina y la del espiritista Rafael Pozo, que al solicitarle caridad, el hombre dijo, sonriente: “Lo tuyo es escribir”.

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