El periodista Artemio Leyva, fundador de Radio Juvenil, en diálogo con los hombres del campo. Foto: Antonio GuerraEl tiempo vuela, dice el refrán, y con él, el trabajo, los años, la vida.
Hace 32 años surcó el éter una señal radiofónica desde Buenaventura, Holguín. Nacía Radio Juvenil, una emisora comunitaria que día a día trata de contar la historia de su gente.
Con el paso de los años, con la entrega diaria, hemos hecho una gran familia dentro y fuera de esta estación. Cientos de amigos que nos escuchan, nos llaman, nos felicitan, critican o alertan, porque así son las buenas amistades. No importa la distancia: una llamada, una nota, un encuentro en la calle, un mensaje por Internet basta para estar en sintonía.
Son 32 años y nos sentimos tan jóvenes como el primer día, aunque ya los rostros lozanos y los cabellos negros de los primeros han cambiado. Pero trabajar en la Radio y para la Radio siempre es placentero cuando se disfruta esa satisfacción de informar, de comunicar.
Vivir para la Radio es entregarse a una profesión que busca alegrar, entretener, estimular a ser mejor, y para eso hay que sentir lo que se dice, hay que poner el corazón para que esos latidos lleguen en ondas o bites a los receptores que esperan en ti a un amigo que le acompañe, que le dibuje un rostro, un paisaje, un hecho, una sonrisa, en fin, que le cuente la vida cada día, aunque sea en solo doce horas.
