Culturales

eismael rodriguezFoto: Yanelis Martínez“Esos celos me hacen daño, me enloquecen…” cantaba mientras el público aplaudía y coreaba el tema. En uno de los recesos de su presentación me le acerqué. Cuando le revelé mi propósito me dijo con una media sonrisa “yo soy guajiro, no sé hablar”. Cómo podía tener pena una persona que se presenta en diversos espacios, complace peticiones y se desenvuelve tan bien escénicamente, le pregunté. Entonces un poco más desinhibido respondió: está bien periodista, pero si me equivoco lo arregla, al advertir la grabadora.

Así comencé mi diálogo con Eismael Rodríguez Mora, un aficionado de este territorio que prefiere interpretar la música mexicana. Como toda historia quise buscar sus inicios, sus orígenes. “Di que soy de Mir”, respondió jocoso y al indagar más supe que es natural de un pequeño barrio en los límites entre Holguín y Granma.

El amor por la música y su lucha por dedicarse a lo que le apasiona lo acompañan desde niño. “Yo llego a la música desde muy pequeño, cuando cantaba en la escuela”. Pero desde su modestia no puede evitar el agradecimiento de los primeros en moldear su canto: “agradezco mucho a la Casa de la Cultura de Mir, donde me acogieron como aficionado. Hoy por hoy estoy compartiendo mi música gracias a ellos”.

Eismael interpreta un género un poco menospreciado por los más jóvenes, pero de gran arraigo popular en nuestro territorio. Al respecto confiesa: “A mí me encanta la música mexicana desde niño, siempre la he cantado. Canto otros géneros, pero específicamente lo que prefiero son las canciones mexicanas”.

Y como generalmente ocurre que tras una inclinación tan temprana está presente la acción formadora de la familia me interesé en los orígenes de esa pasión. “Mi papá principalmente. Mi padre siempre cantó en los montes, como algunos dicen, pero él fue el que me acercó a esta música”. Tras mi insistencia en la búsqueda de la génesis de su formación cuenta que su hermano mayor fue el que inició su destino: “Ermitanio, él fue el causante de todo. Él fue el que me inculcó esta música. Decía que yo la ejercía muy bien y que podía defenderme con ella”.

Usualmente se presenta en la Casa de la Cultura de Mir y en algunos otros sitios de esa comunidad. Al haber presentaciones hay repertorio, por lo que busqué las fuentes y estilos de los cuales bebe para conformar el suyo propio y sin dudarlo enumera “Joan Sebastian, Vicente Fernández, ellos son mis favoritos”.

Pero, además del canto qué otros quehaceres se disputan el tiempo y la dedicación de este hombre. “Fui de la primera categoría por seis años. Era pelotero. Algunos me conocen de ahí como el mexicano. También fui vaquero. He participado en muchos rodeos aquí en el municipio y en la provincia” y como quien cuenta una historia dice con calma “actualmente soy acarreador de leche”.

Como todo artista, como toda persona, construye sueños y proyectos y como quien revela su mayor secreto me dice “yo quisiera llegar más alto. Quisiera hacerme profesional. Quisiera verme un día cantando y todo un mariachi detrás. Ese es mi mayor sueño”.

Aun cuando todavía es joven ha pasado por varios momentos que han puesto a prueba su solidez en el camino que ha iniciado. Por eso le pido que le envíe un mensaje a los que hoy inician esta senda, mientras pienso en Kevin, el pequeño mariachi mireño. “El consejo que le doy es que tienen que tener mucho optimismo. Seguir pa´lante y pa´ lante porque este mundo es muy duro y hay que sacrificarse mucho pa´ poder lograr algo”.

Esa declaración deja entrever que su trayecto no ha sido un camino de rosas, que ha tenido que enfrentar y superar obstáculos para llegar hasta donde está hoy, así que le pido que me cuente de esos momentos difíciles. Con una mezcla de alegría y tristeza confiesa “sí, unos cuantos, pero no importa, hay que seguir pa´ lante. Tienes que seguir pa´ lante pa´ poder ser grande algún día”.

Y con esas palabras me despido de este hombre sencillo en el que se unen varios de los elementos que distinguen a los calixteños: la música, el beisbol y la ganadería. Prefiero quedarme con la imagen del Eismael al que no le importan los obstáculos, o lo que algunos llaman fatalismo geográfico, el que ha decidido apostarlo todo por la música. Ahí va con su sombrero, sus zapatos vaqueros, camisa de mangas largas, mientras sigue tarareando “esos celos me hacen daño, me enloquecen…”.

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