verano_las_calabazasActividades del plan vacacional en Las Calabazas. Foto: Yanelis MatínezAunque Cuba es un eterno verano son los meses de julio y agosto, justamente cuando más arrecia el calor, los señalados en el calendario como los dedicados especialmente a esta estación del año.

Por eso cuando llegan estas jornadas, aún cuando las elevadas temperaturas nos han acompañado buena parte del año, la cotidianidad de esta isla caribeña se trastoca y los planes de trabajo sufren variaciones. Termina el curso, llegan los becados y la familia quiere celebrar.

Comienzan los planes. Que si la playa, a pesar del sol, o un río para refrescar y aprovechar la sombra de los árboles. Y mientras muchos se debaten en cuál será la mejor opción, muchos son los que se encargan de hacer llegar hasta las comunidades la más sana de las recreaciones, especialmente para los más pequeños.

Entonces se corre el rumor por el barrio. ¡Hay fiesta! Se dicen unos a otros, no importa la edad, tampoco el sexo. Lo importante que la rutina cambiará y ese fin de semana será diferente. El círculo social, el mejor salón de baile de los alrededores, se limpia y las hojas de coco se convierten en la mejor decoración.

Llega Jersy desde temprano con el equipo de audio y la música es la primera señal para poner a todos en “alarma de combate” para disfrutar. Con él vienen Osmany y Artemito, los chicos del INDER, que se las arreglan para crear los más divertidos juegos, con los más diversos materiales, sin necesidad de ir de shopping.

A ellos se une la intranquilidad de los pequeñines, sí, porque a ellos si algo le sobra es la energía. Primero tendrán que saltar y saltar, para escapar de la suiza gigante que amenaza con tocarlos y, por tanto, sacarlos del juego. Luego deberán demostrar su puntería en el lanzamiento de las argollas. Para los ganadores ricas golosinas.

La mañana casi se esfuma entre sancos, argollas, suizas, juegos de damas y ajedrez, dulces y el típico corretaje de estos infantes que gozan de lo lindo con el juego y el encuentro con otros como ellos.

El calor comienza, se intensifica. Como mandada a buscar aparece la cerveza. Los jóvenes llegan frescos, sonrientes. Bailan, conversan, se ríen, alguno prueba suerte y la eficacia de sus mañas de galán.

Casi termina el día. Quizás mañana vuelvan a interrogarse si la playa o el río; si un campismo o un centro nocturno. Pero hoy lo han pasado bien, se han divertido, porque, sencillamente, en Las Calabazas, fue un día diferente. Ojalá se repita.