Esteban en unas de las peñas literarias en Buenaventura. Foto: Daer Pozo.Cuando un amigo dice adiós para siempre nos resulta difícil entender la realidad, y es que nacemos, crecemos, nos desarrollamos, llegamos a la adultez, y a una edad en que el tiempo se acorta, en que el tiempo, al igual que el viento, nos lleva a un final que, aunque esperado, nos sorprende.
El calixteño Esteban Reyes Aguilera ya no está entre los vivos, ya forma parte de los buenos poetas que no están físicamente, pero su memoria perdura entre la poesía y el magisterio de una de sus amigas, Rubiseida Rojas, que desde el gibareño poblado de Velasco, llegó junto al escritor a decirle adiós, convencida de que la muerte es solo una pausa.
“Esteban Reyes fue un hombre de Buenaventura, pero más que de Buenaventura fue un hombre del universo porque la poesía no tiene fronteras, y Esteban escribió, formó escritores, me cuento entre ellos, fui su alumna en los tiempos del florecimiento de los talleres literarios en esta zona y en Velasco; por esa época se encontraba captando miembros y estimulando la creación poética. Si he escrito algo hoy puedo agradecérselo a él, ha sido siempre mi maestro, mi formador, el hombre en quien confiamos tanto, que nos ayudó a crecer como poetas y como personas, señaló Rubiseida Rojas .”
Y para el poeta que se marcha, qué mejor que sus versos llenos de inmortalidad.
Pienso que el amor es más que sexo, juventud,
es la fragante actitud,
que no fenece jamás.
Es la fuerza cuando vas brindando aliento y calor,
es como una tierna flor
en el jardín de la vida,
es la nota desprendida en un violín,
eso es amor.
Eso era Esteban Reyes, amor, amor para su familia y para todos los que le rodearon.
