Minucioso en cada paso, Luis Alexander ha garantizado el parecido total de la miniatura con la casa original. Foto: Rosana Rivero Minucioso en cada paso, Luis Alexander ha garantizado el parecido total de la miniatura con la casa original. Foto: Rosana Rivero Admiración sincera, sensibilidad artística, pa­ciencia y dominio de la técnica de la marquetería ha conjugado el artesano Luis Alexander Reyes Cuenca en su empeño de ensamblar a pequeña escala, con duras y curadas maderas, la casa natal de Fidel, objeto que pretende obsequiarle al líder de la Revolución Cubana por su 90 cumpleaños.

La decisión de hacer realidad el proyecto vino poco después de reproducir, a principios de este año, igualmente en madera, La Plaza de La Marqueta, un emblemático sitio de la ciudad de Holguín. Entonces su trabajo tuvo amplia aceptación y lo estimuló a emplear sus habilidades para homenajear a “ese hombre que ha hecho y sigue haciendo tanto por Cuba”.

“Le expuse la idea al primer secretario del Partido en la provincia, Luis Torres Iríbar, y recibí su apoyo inmediato. Me facilitó el traslado a Birán para recorrer la instalación y conocerla a fondo”.

Sin dudas la obra es una pieza de arte. Mide 21 centímetros de ancho, 39 de largo y 15 de alto. “No te puede fallar un corte, porque tiene tantas paredes que si cometes errores en una, se repiten en las otras. La única opción es trabajar bien y con mucha calma”, asevera.

“Las maderas empleadas, del árbol conocido como lechero tienen más de cien años. En su selección he tenido en cuenta los pigmentos, para que la pieza posea los colores más próximos a los originales, lo que evita usar pinturas. El centro, por ejemplo, es amarillo oscuro y lo coloqué en las paredes principales”.

Hace una pausa, posiblemente igual a las realizadas mientras calculaba cada paso. Y añade: “El sámago del mismo tronco lo escogí para las partes blancas como puertas, ventanas y las barandas de las escaleras”.

Inicialmente trabajó a todo ritmo, pero un exceso de confianza durante la manipulación de la sierra, le originó una herida, causa de la pérdida de parte del dedo anular de su mano izquierda. Pero el compromiso encarado era tan serio, que aun con dolores en la extremidad dañada, reinició la ejecución de la maqueta en cartón.

Si la miniatura llama la atención por el excelente acabado y fidelidad a los detalles del inmueble real, ocurre lo mismo con la base y el pedestal que la sostienen. Ambos están ensamblados con más de un centenar de piezas de ácana y lechero, que contrastan por sus texturas y colores.

Luis Alexander solo anhela que la obra en la que tanto empeño ha puesto llegue a manos del Comandante invicto y le promueva íntimos recuerdos de su entorno familiar.