Foto: Fotograma de la PelículaFoto: Fotograma de la PelículaBoccaccerías habaneras es en bue­­na medida otra visión de lo nuestro cotidiano amparada en una clave hu­morística que, por su innegable vuelo artístico, llenará los cines.

Nada de humor a martillazos a partir de los aspectos críticos que pudiera tener cualquier sociedad (y que en nuestro caso son harto conocidos), sino integradas esas observaciones a historias humanas que se plantean seducir desde una sensualidad alegre e imaginativa.

El recurso del disfrute le funcionó a Boccaccio y tras él enrumba el director Arturo Sotto. Tres relatos que parten de los encuentros de un di­rector de cine —huérfano de ide­as, e interpretado por el propio realizador— con personas que aseguran atesorar experiencias dignas de ser escuchadas y cobradas en dinero sonante.

Al igual que aquellas comedias italianas de los años setenta, el espectador saldrá del cine valorando preferencias en torno a estas tres “confesiones íntimas”, que si bien parten de un mismo hilo conductor, fueron filmadas en diferentes tonos narrativos sin descuidar uno de los méritos del filme, el guion, tanto en lo relacionado a sus peripecias co­mo en la construcción de los personajes.

Y si de gusto se trata me inclino por la primera historia, Los primos, y la tercera, La historia del tabaco, en la que la debutante Yudith Cas­tillo (talento y voz) se hace presencia abarcadora en una trama donde el suspenso y el erotismo se entrelazan para contar los tejemanejes de una mujer dispuesta a conquistar a un joven recién ingresado en una tabaquería.

Los primos, arranque de Bo­cca­ccerías habaneras, hace gala de un humor corrosivo y trata aspectos de la sociedad relacionados con el poder de los que “más tienen” sobre la base del “invento”, e igualmente las ridiculeces de personas empeñadas en realizar festejos que hagan palidecer al rey de las picuencias. Aunque también hay aquí una re­flexión muy se­ria acerca de realidades humanas y sociales, que por lo terrenal del asunto, no distan del renacentismo boccacciano.

A No te lo vas a creer, la segunda historia, no le faltan aciertos, pero la trama resulta algo rocambolesca y por momentos una improvisación bus­cada aporta menos que lo de­seado.

De lo que sí no cabe duda es que todo aquel que vaya a ver Bocca­ccerías habaneras irá al seguro, por­que la risa inteligente siempre será un buen premio.