idaliaLa Dr. Idalia Saborit recibió el reconocimiento de las autoridades de la provincia de Holguín en el acto provincial por el Día de la Medicina, celebrado en este territorio el pasado año. Foto de la autoraNo importa la hora del día ni la fecha más especial. No sabe de horarios, ni de cansancio cuando se trata de devolver la sonrisa a los más pequeños de casa. Idalia Saborit Zayas es una profesional que prestigia la medicina cubana.

Era muy joven cuando llegó a este territorio, procedente del municipio de Holguín, con un montón de sueños por realizar, pero con una vocación muy clara, esa que bien supo descubrir su progenitora cuando le auguró la Medicina como profesión.

Sus inicios fueron como los de otros tantos profesionales, agotadoras guardias, extensas consultas y al regreso a su hogar la dicha de ser nuevamente la doctora, la misma que en su modesto apartamento también cura y ofrece amor, con la humildad y sencillez que la distinguen.

Su labor no conoce de distancias ni fronteras, ni de historias por descubrir. Por eso es común encontrarla en su modesta sala - comedor examinando, indicando complementarios, y alegrando el hogar de no pocas familias que acuden a sus saberes.

Difícil es para ella contar una anécdota, pues todos sus pacientes son especiales. Sin embargo, escudriñando en sus memorias recuerda a una pequeña procedente de Las Parras, en la vecina provincia de las Tunas, a quien devolvió la alegría. “Era una paciente de unos 10 años de edad aquejada de fuerte decaimiento, inflamación y todo indicaba un posible hipotiroidismo. Se le realizaron los análisis correspondientes, estos lo corroboraron. No tengo palabras para describir la felicidad de esa familia porque había sido tratada con varios especialistas y no le habían detectado qué le aquejaba. Hoy esa pequeña es toda una doctora y los sentimientos que nos unen son especiales”, confiesa.    

Innumerables reconocimientos atesora esta infatigable mujer en más de tres décadas de oficio: Hija ilustre adoptiva, la medalla Manuel Piti Fajardo y otros tantos que guarda con mucha satisfacción , sin embargo, asegura que el mayor premio está en el humilde pueblo de Calixto García que la acogió como una hija más y por el que siente eterna gratitud.