Ciencia y Salud

donaciones sangre radio angulo“Había un niño muy mal. Nadie podía donar la sangre porque no había ese tipo y yo lo supe. Sin que nadie viniera a verme fui a su casa a ofrecerme para donarle la sangre. Así el niño se recuperó.

“Mi sangre es O negativo, una sangre que no abunda, así que a todo el que le haga falta para mí es una alegría, una satisfacción salvar una vida. No solo aquí, sino donde haga falta y de manera gratuita”, son las razones que expone Magdeline Collazo cuando la interrogó sobre qué la llevó a convertirse en donante voluntaria de sangre.

Como ella otros muchos héroes anónimos extienden cotidianamente su brazo para salvar una vida. Ese es el caso de Yarién Santiesteban, un joven oficial del Ministerio del Interior que se convirtiera en donante hace 14 años, cuando acababa de cumplir los 18. Para él “lo más noble que tiene un ser humano es su sangre y contribuir con ella a que otra persona se salve ya es motivo para donar. Ese gesto ennoblece a la persona”.

Yarién cuenta entre risas aquel desmayo que sufrió al realizar sentado la cuarta donación. Sin embargo, ese pequeño obstáculo no frenó su voluntad y hoy asevera: “Fue la primera y única vez que me he desmayado. Tuvo que ver un poco la juventud, pero ya ahora puedo donar para´o, senta´o, de cabeza, como quiera sin problemas. Y seguiré donando mientras pueda”.

Este joven también asegura que a la nueva generación le corresponde “continuar el legado de los no tan jóvenes. Tienen que saber que cualquiera puede tener una situación de salud o un familiar que necesite una transfusión o un medicamento que se deriva de la sangre eso es algo muy grande. Esa es la importancia de donar sangre”.

Entre esos con un poco más de experiencia a los que se refería Yarién se encuentra Pastor Toranzo, uno de los más reconocidos donantes de esta geografía calixteña. Pastor ha convertido este noble gesto en tradición familiar, pues cuenta que “lo heredé de mi mamá. Ella era donante y yo seguí su camino. Desde los 18 años estoy donando y seguiré mientras pueda”.

Pero no le basta con haberlo heredado, sino que trata de transmitirlo a los más jóvenes. “En mi barrio, en Las Barías, estoy siempre al tanto de cuando tocan las donaciones y busco a las personas, hablo con ellas sobre la importancia que tiene. Ya tenemos un grupo que dona y con el tiempo pienso que sean muchos más”.

Ahora son los demás experiencias quienes hacen el llamado a los más jóvenes. Así asegura Pastor: “Pedirle a los jóvenes que se sumen. Que es bueno, que no tengan miedo, que ayudarán a salvar vidas”.

Historias podrían encontrarse muchas, si seguimos la pista de los donantes de este occidental territorio holguinero. Encontraríamos al que se inició ante un caso de necesidad, tras un accidente. Tendríamos las experiencias de quienes han transmitido la importancia de esta acción de padres a hijos. O quizás al joven que por sus venas corre la llamada sangre universal y que ahora tiene parte en diversas provincias cubanas, pues desde ellas han requerido su solidaridad.

Así hombres, mujeres, jóvenes, un poco mayores, de razas distintas y procedentes de los más diversos sitios de este territorio recorren nuestras calles, trillos, caminos. Estudian, educan, prestan servicios, promueven el ejercicio físico, labran la tierra o son cuentapropistas. No obstante, todos forman parte de ese ejército anónimo y desinteresado que ha convertido el hecho de salvar vidas en parte inseparable de la suya. Y porque saben el valor de lo que hacen continúan extendiendo sus brazos.

 

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