Es 20 de diciembre y los jóvenes cubanos agradecidos no olvidan que en esta fecha, pero de 1899, en Alquízar, antigua provincia de La Habana, en el seno de una modesta familia de intelectuales, nació Rubén Martínez Villena. Aquel niño de quién dijera Máximo Gómez, que su mirada era inteligente y que su vida tendría luz plena de mediodía.
Custodiada por las palmas, rodeada de rosas y muy cerca de la tumba del Padre de la Patria se alza la escultura que recuerda su rígido carácter. Parada frente a ella me parece que no pudo ser otra la forma de representar a la mujer que entregó a su esposo e hijos a la causa de la liberación de su país.
Los cubanos rememoran cada 18 de noviembre, con respeto y admiración, el natalicio de Máximo Gómez Báez uno de los más grandes estrategas militares de la guerra hispanocubana del siglo XIX.