Hace solo 11 días, el 19 de enero, bajo el título de ?Es hora ya de hacer algo?, escribí:
?Lo peor es que en gran parte las soluciones dependerán de los países más ricos y desarrollados, quienes llegarán a una situación que realmente no están en condiciones de enfrentar sin que se les derrumbe el mundo que han estado tratando de moldear?
?No hablo ya de guerras, cuyos riesgos y consecuencias han transmitido personas sabias y brillantes, incluidas muchas norteamericanas.
Cuando los españoles ?nos descubrieron?, hace cinco siglos, la cifra estimada de la población de la Isla no sobrepasaba los 200 mil habitantes, los cuales vivían en equilibrio con la naturaleza.
Ayer lo escuché cuando habló en la Universidad de Tucson, donde se rendía homenaje a las 6 personas asesinadas y las 14 heridas en la matanza de Arizona, de modo especial a la congresista demócrata por ese Estado, gravemente herida por un disparo en la cabeza.
El hecho fue obra de una persona desequilibrada, intoxicada por la prédica de odio que reina en la sociedad norteamericana, donde el grupo fascista del Tea Party ha impuesto su extremismo al Partido Republicano que, bajo la égida de George W. Bush, condujo el mundo donde hoy se encuentra, al borde del abismo.