El arreglo musical en el Órgano está impreso en una cinta de cartón y se expresa en perforaciones. Foto: Lixander CruzEl arreglo musical en el Órgano está impreso en una cinta de cartón y se expresa en perforaciones. Foto: Lixander CruzMuchos han escuchado y hasta bailado al son de una pieza musical ejecutada por un órgano. Pero no todos conocen que esa música es plasmada en un cartón a partir de agujeros bien repartidos. Detrás de esa magia, se esconde el trabajo, lleno de mucha paciencia y conocimientos, del arreglista.



Mientras más grande sea el órgano (mayor diapasón) será mucho mejor para quien tiene la responsabilidad de hacer la pieza; por ejemplo, el órgano 66 cuenta con 5 secciones sonoras integradas por tubos de madera y metálicos. Se dice modelo 66, porque es el número de teclas que tiene y por lo tanto posee más recursos musicales que el arreglista puede aprovechar.


Hasta la madera con que se construye el órgano y demás piezas internas, tienen relación con la buena sonoridad de la música. Para el mueble se usa generalmente el cedro, y otras maderas duras para los instrumentos sonoros.


La terminación o acabado de cada instrumento debe hacerse con esmero para que se logre la sonoridad que se quiere y una correcta afinación.


El secretillo, mecanismo que lee la partitura, debe ejecutarse con maestría por parte del fabricante. El carpintero ebanista deberá conocer también de música y dominar algunos elementos de estos aparatos sonoros, para que el mismo tenga un acabado óptimo.


El arreglo musical está impreso en una cinta de cartón. La escritura se expresa por perforaciones, según el lugar que ocupa cada nota. El largo de cada una de las perforaciones en el cartón, para la futura pieza, determina el valor de la nota correspondiente.


Un buen arreglista, logra una pieza de excelencia. Recordemos a Tony Taño y otros como Carlos Rubiel Ávila y Julio Vicente Pérez.


Para escribir los compases se usa una regla que varía de tamaño, según el ritmo y género musical, o sea, la misma puede ser de 64 o 80 milímetros de largo, a gusto del arreglista.


Para el órgano se hace un solo arreglo como instrumento único, a diferencia de una orquesta o conjunto que hay que hacer un arreglo para cada instrumento.


Si la pieza lleva un mayor número de notas, pues lleva más perforaciones el cartón y para ello como es lógico se consume más cantidad de aire.


El arreglista debe conocer la estructura melódica y armónica de la obra escogida, para buscar la tonalidad adecuada además debe dominar las posibilidades que tiene el órgano para el cual hace la pieza, en aras de lograr una interpretación armonizada.


El arreglista usa una escuadra para trazar la línea divisoria del compás. Se coloca el diapasón a ras de la línea divisoria y luego se traza la nota correspondiente a todo compás con una tablilla en la que aparecen los valores musicales regulares e irregulares expresados en milímetros. No toda pieza lleva un mismo esfuerzo de ejecución, todo se debe al ritmo que se exprese, no es lo mismo una guaracha que un bolero; para ello el arreglista debe estudiar a plenitud, sin equívocos, la relación entre velocidad metrónica, consumo de aire y medida del compás en el cartón.


En cada obra musical debe seleccionarse la medida del compás y la duración de cada nota, de acuerdo con el fraseo a que se aspire.


No se puede olvidar que la afinación del órgano es de suma importancia para el acabado del arreglista. El órgano es de afinación temperada a diferencia de otros instrumentos de cuerdas frotadas o los de viento-madera.


Así, con mucha maestría, se logra esa pieza que luego nos hace mover los pies con cadencia y sabor bien cubanos.

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