Tuto Peña a sus 82 años de vida, un pilar de una familia portadora de la tradición del Órgano Oriental en Las Tunas. Foto: José L. Díaz.Eberto Peña Fajardo, Tuto, está muy ligado a la música de órganos desde que era un jovencito en su natal Santa María 4, en Puerto Padre, Las Tunas.
Cuenta que formar parte de la familia Ajo, pues Alcides Ajo era su cuñado, contribuyó a su formación de organillero: “Alcides era un músico con un oído fino envidiable. Tony Taño me lo confesó cuando estábamos en las presentaciones en el Tropicana de La Habana, y cualquiera que supiera de música se daba cuenta, afinaba los órganos mejor que Tony que era mucho decir.”
Tuto es hombre de mediana estatura, pero de una nobleza admirable, serio para su trabajo, amante de su familia que lo admira y respeta y para quien la música de este instrumento es su propia vida. “En Buenaventura se estima mucho, ahora está en este poblado convaleciente de una operación, y la familia Ajo ha decidido que se recupere aquí”, así lo confiesa Roberto Ajo Peña, sobrino de Eberto.
Con 82 años de edad Tuto está jubilado, y aún así manifiesta que su vida es la música de órgano: “Recuerdo que en Santa María mi padre y José Ajo emprendieron un pacto melódico que haría historia en estas comarcas: construyeron un órgano que luego mi padre se quedó con él y le puso por nombre Sabor a Cuba, un instrumento músico más pequeño que los actuales, pero que viajó y tocó mucho por Puerto Padre, Chaparra, Las Casimbas, Sabanazo, Las Mantecas, Buenaventura y San Agustín.
“El órgano hay que llevarlo en la sangre, cuando yo tenía un año de nacido un tío compró uno que le puso por nombre La Flor de París, y aquello era un acontecimiento. Decía mi madre que yo cogía una latica y un palito y me ponía a tocar al ritmo de la música, y eso me marcó para estar al lado de este tipo de música.
“Ahora que se acerca un nuevo festival de música de órganos en Buenaventura, sería bueno que se invitara a las familias Borboya, Cuayo y a otras, y que se analice a fondo lo que se hace y no se hace a favor de una tradición que no debe perderse, asegura Tuto Peña; por ejemplo ya no hay quienes piquen los cartones, los arreglistas y los afinadores escasean, y estos instrumentos son muy pesados, pero nada de esto debe impedir que bailemos los viejos y los nuevos al son de la manivela, lo que hay que hacer es actualizar la música, según la que esté de moda”.
Roberto Ajo, heredero de una familia de afincada historia musical, piensa que se puede estimular mucho más la divulgación a favor de la tradición: “A veces se contrata una orquesta que cuesta 25, 30 ó 40 mil pesos y las presentaciones casi siempre tienen lugar en Buenaventura un solo día, con ese dinero el órgano puede dar más de ocho. No me opongo a las orquestas de gran convocatoria, pero con esa sugerencia contribuimos además a que los más jóvenes se acerquen y bailen, y los músicos tendrán con ello el reto de actualizar el repertorio para estar más a tono con la realidad y de esa manera atraer a los que aman y a los que sienten curiosidad por un instrumento que nació en Francia y se aplatanó en Cuba.”