Órgano Oriental Hermanos Ajo, patrimonio de la cultura cubana. Foto: AleagaEl Órgano nos acompaña desde 1910, y la historia local recoge en una de sus páginas el instante en que un oficial del Ejército mambí, amante de la música, lo trajo por vez primera a estas tierras encima de una carreta tirada por bueyes. El Comandante tenía por nombre Federico Ramírez.
El Barbero de Sevilla (Gioachino Rossini - Antonio María Romeu)
Un tiempo atrás había llegado por la bahía de Cienfuegos, procedente de Francia, una caja de música, con danzas y mazurcas registradas en unos cilindros metálicos que al girar producían el dulce sonido de la creación. Llegaba así el órgano a Cuba, que de la Perla del Sur viajaría a Manzanillo, otra ciudad marítima, pero en el extremo sur del Oriente cubano y de ahí a toda la región, incluido este pequeño punto geográfico a donde lo trajo el paladín Federico.
Estas palabras son escritas en Buenaventura, una localidad ubicada a 38 kilómetros al oeste de la bella ciudad de Holguín, uno de los principales polos turísticos de Cuba y reconocida plaza cultural de la isla. Buenaventura es el último poblado holguinero hacia el occidente y cabecera del municipio de Calixto García, y en este pedacito de tierra, justo es decirlo, el órgano echó raíces tan profundas que a pesar de los aires de modernidad, los voluntarios o involuntarios olvidos se mantiene estoicamente contra todas las banderas.
En Buenaventura se fomentó una cultura del órgano, mucho se bailó y se amó con la música salida de esos pitos de madera. Aquí llegaron con el tiempo otros órganos y “organilleros”, apelativo dado a los que hacen sonar el aparato y lo acompañan con otros instrumentos, sobre todo de percusión. Así aparecen registradas las principales familias poseedoras o constructoras de órganos de nuestro pueblo: La Hechavarría, La Ricardo, la Marrero y una que se convirtió en el emblema fundamental del instrumento de instrumentos, la familia Ajo. De esta familia hay mucho que decir, y de algunos de sus aportes al órgano trata el presente trabajo.
A través de su evolución, el órgano, ha transitado por muchas etapas y modos de reproducción sonora. Desde su funcionamiento hidráulico han existido los de iglesia, los de feria u organillos ambulantes, casi siempre con piezas registradas en los mencionados cilindros, hasta llegar a los neumáticos o de aire, popularizados en Cuba con la llegada del siglo XX, cuando además el cilindro fue sustituido por una larga pieza de cartón perforado convenientemente y que es la sustentación artística de todo el invento.
En 1949 llegó a Buenaventura, procedente de la Ceiba de Las Tunas, un hombre emprendedor, amante de la música, tocador del instrumento de cuerdas conocido como “tres”, que enamorado de la sonoridad del órgano decidió echar su suerte junto a la enorme caja sonora y fundó, junto a sus hijos, un clan que hasta hoy prestigia nuestra cultura local, ese hombre se llamó José Ajo Góngora, natural de Auras o Floro Pérez, un poblado asentado en la carretera Holguín-Gibara, equidistante de ambos extremos, desde donde salió en plena juventud para trashumar por Redención, Santa María 4, Las Tunas y La Ceiba, lugares donde habitó y fundó familias, hasta detener sus pasos en este pedazo de tierra holguinera y dejar su nombre para siempre en su historia cultural.
Don Pepe fue músico de órganos, pero su espíritu incansable también lo llevó a montar un taller de carpintería donde vieron la luz varios de los más famosos instrumentos de este tipo en Cuba: Hatuey # 1, Hatuey # 2 y Gran Cacique Hatuey, de esta tradición nació también el afán renovador de sus hijos, verdaderos innovadores del arte de la manivela.
Puede considerarse a Pepe, el fundador de la gran tradición organística de Buenaventura y a sus hijos Alcides, Arquímedes, Aristónico y Arnaldo los continuadores e innovadores de la semilla que él sembrara.
Siete han sido los discos grabados por la familia Ajo y su Órgano Oriental, varios los viajes al extranjero, y también han sido varios los aportes técnicos que han hecho a ese instrumento de origen galo asentado para siempre en el gusto popular cubano.
Cuentan que, mientras actuaban en la Habana, a propósito del festival de la Juventud y los Estudiantes, el Comandante en Jefe Fidel Castro pidió dar algunas vueltas a la manivela, una tarea realmente difícil y al comprobar que era una labor sumamente agotadora preguntó si no existía una manera de humanizar más aquel trabajo, y fue Arnaldo Ajo, “Nando” quien propuso incluir un pequeño motor eléctrico con una adaptación para reducir las revoluciones y liberar al manivelero de tan pesada carga. Fidel solicitó la ayuda de uno de sus asesores y especialista en asuntos de electricidad y allí mismo, en el parque capitalino de diversiones, se hizo la adaptación que con el tiempo serviría para que la mayoría de los grandes órganos cubanos sustituyera el duro trabajo de un hombre.
Ese ha sido el principal aporte técnico de los Ajo al órgano, sin embargo pueden contarse también la inclusión de las tumbadoras o congas, la paila por el timbal y el güiro por el guayo metálico, lo que ha hecho de estos músicos un punto de referencia cuando de este instrumento se hable en cualquier parte de Cuba y del mundo.
Actualmente, de aquellos legendarios músicos sólo nos queda el recuerdo, todos fallecieron y sus hijos y nietos sostienen la tradición que cada año tiene momentos de esplendor en un festival o encuentro de agrupaciones de su tipo en Buenaventura, pero haría falta que ese esplendor no fuera sólo de días en el calendario, que la memoria elevara sus poderes hasta el infinito y una historia tan hermosa no se diluyera en medio de tanta confusión estética y tanto barullo esnobista y globalizado.