Los Hermanos Marrero en la época de oro del Órgano oriental.El instrumento que acompañó el florecimiento de la ciudad de Cienfuegos por sus colonos fundadores, el mismo que se volvió mambí y luego rebelde en la Sierra Maestra, el que fue asumido por las familias Fornaris y Borbolla, en Manzanillo y luego por quienes lo llevaron en carretas tiradas por bueyes a Bayamo, Holguín y otros pueblos, es Patrimonio cultural de la nación cubana.
La decisión responde a un acto de justicia, que reconoce a las familias portadoras como las genuinas salvaguardas de un fenómeno de la música tradicional cubana, donde confluyen la maestría artesanal de los artistas ebanistas que construyen los instrumentos orquestas, la calidad interpretativa con el aporte de la percusión cubana, la fiesta y el baile sacando agua del pozo, junto a excelentes arreglos y un repertorio fascinante, son elementos que validan este fenómeno dentro de las expresiones más raigales de la música cubana.
La declaración del órgano oriental como patrimonio cultural de la nación cubana confirma la obra de los organilleros de antaño, de compositores como Carlos Rubiel Ávila, arreglistas como Tony Taño y la obra de intérpretes, que hoy dan manigueta en los carnavales de Santiago de Cuba, Guantánamo, Niquero, Medialuna, Manzanillo, Bayamo, Buenaventura, Las Tunas, Puerto Padre, Camagüey, Varadero, La Habana y Pinar del Río, entre muchos sitios.
Hermanos Ajo.El señor de la música molida está de fiesta y la noticia anima a los bailadores y a las familias Cuayo, Marrero y los Ajo, de Holguín; los Peña, Hernández y los Ochoa, de Las Tunas, también a los muchísimos vecinos de Niquero, que aplauden una decisión que es reflejo de un fenómeno genuino de la transculturación incesante primero franco-cubana, hoy con la constante refundación entre los que revolucionan el instrumento para sumar nuevas sonoridades a la artesanía musical y a la sabrosura, que aporta a nuestra cultura nacional, el órgano oriental.
La Familia Ajo y el órgano oriental