Historia

Un acontecimiento de triste recordación para todos los cubanos, y en particular para los habitantes de los actuales territorios de Las Tunas y Holguín, lo constituye el horrendo crimen perpetrado en el norte de la antigua provincia de Oriente en diciembre de 1956 y que la historia registra como Las Pascuas Sangrientas.

 


Aún estaban frescos dos hechos significativos organizados y ejecutados por el movimiento revolucionario, que pretendía derrocar a la tiranía de Fulgencio Batista Zaldívar mediante la lucha armada: uno fue el levantamiento del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, encabezado por Frank País García, con el propósito de apoyar el desembarco del yate Granma, y el otro la llegada a costas cubanas el dos de diciembre de los expedicionarios de esa embarcación, liderados por Fidel Castro.


En represalia por esos acontecimientos que acaparaban la opinión pública, la tiranía en el poder pretendió asestar un duro golpe al Movimiento 26 de Julio y el Partido Socialista Popular, para lo cual concibió el horrendo plan de asesinar a los principales dirigentes y militantes de ambas organizaciones opositoras al régimen.


Fue así como se organizó el plan denominado Regalo de Navidad, cuyo principal ejecutor sería el sanguinario Coronel Fermín Cowley Gallego, jefe del Regimiento Militar Número Siete de Holguín, responsable de la masacre que arrancó la vida a 23 valientes jóvenes entre los días del 23 al 26 de ese fatídico diciembre.


El primer asesinato se cometió en la persona de Rafael Orejón Forment, a la sazón jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en Nicaro, y durante los días 24, 25 y 26 se consumó la matanza de otros 22 revolucionarios, muchos de ellos sacados de sus casas, salvajemente torturados y cuyos cadáveres aparecieron baleados, ahorcados y dispersos por una vasta zona de las actuales provincias de Las Tunas y Holguín.


El saldo criminal segó las vidas también de Pedro Díaz Coello, Jesús Feliú Leyva, Loynaz Hechavarría Cordovés, Armando Guzmán Guides, William Aguilera Ochoa, José Marcial Pérez Cruz, Héctor Infante Pérez, Thelmo Esperance Levielle y Alejo Tomás López.


Completan la relación de las victimas Enrique Casals Villarreal, Antonio Concepción Perodín, Manuel Aquiles Espinosa, Isaac Hernández Oliver, Gilberto González Rojas, Pelayo Cusidó Torres, Ángel Valerio Consuegra, Luis Sera Moreno, José Mendoza García, Silverio Nuñez Hernández, Enrique Morgan Nicolaus, Ramón Téllez Peña y Luis Peña Martínez.


Lo que no pudieron impedir los esbirros de la tiranía fue que Orejón Forment llevara a Holguín un importante mensaje de la Dirección del Movimiento revolucionario en Santiago de Cuba, en el que informaban que Fidel estaba vivo y se había internado en la Sierra Maestra.


Aunque el horrendo crimen de Las Pascuas Sangrientas representó un duro golpe para los revolucionarios, pues significó la pérdida de sus principales líderes y otros destacados luchadores, muy pronto el movimiento clandestino logró recuperarse y ya en mayo de 1957, jóvenes seguidores de los ideales de los caídos se incorporaban al Ejército Rebelde en la Sierra  Maestra.


Con el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959, Cuba conquistó su libertad definitiva y de esa forma se rindió el mejor homenaje a los mártires de Las Pascuas Sangrientas, que viven para siempre en el recuerdo de la patria agradecida.


El poeta nacional Nicolás Guillén, conmovido por el vil asesinato escribió entonces el siguiente poema:

Pascuas Sangrientas de 1956

Luna fija y redonda de níquel taciturno,
tú, sempiterna cómplice de la novia que espera,
medallón suspendido sobre el pecho nocturno,
¿viste llegar la Muerte con sus ojos de cera?
Luna grande del trópico, que estás entre las cañas,
tú, que de noche vives, Luna, tú que no duermes
y rompes tus espejos en las finas montañas,
¿pudiste oír el grito de los pechos inermes,
ver la corbata ruda de correa o de soga
que los ojos agranda y los cuellos ahoga?
Luna grande del trópico, alta sobre el palmar,
tú que despierta estabas aquella noche triste,
Luna fija y redonda, tú que todo lo viste,
no te puedes callar, ¡no te puedes callar!

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