El 13 de noviembre de 1958, el Comandante en Jefe Fidel Castro da la orden para librar la batalla de Oriente. En una alocución a través de Radio Rebelde se dirige a los jefes de columnas y a toda la población en general. Entre otras instrucciones destaca: ?El tráfico en la provincia de Oriente debe quedar paralizado totalmente. Todos los combatientes deben estar en sus puestos, todas las vías de entrada y salida de las ciudades deben quedar cortadas?.
Dando cumplimiento a estas instrucciones, los hombres que integran el pelotón 1, de la columna 14, bajo las órdenes del Capitán Arsenio García Dávila se dan a la tarea de iniciar el hostigamiento a las fuerzas enemigas que transiten por el tramo de la carretera central situado entre Buenaventura y el Cruce de Maceo.
A tales efectos, se les asignan posiciones a las distintas escuadras. La de Manolito Ramírez opera en el Cruce de Mir. Unos 4 kilómetros en dirección a Holguín, entre Las Casimbas y el Cruce de Guayabo, es situada la escuadra de Ariel Zamora. En Las Calabazas, la de Lorenzo Torres Pons y en el Cruce de Dovales la de Abreu Roch, aunque esta última se mueve con Arsenio como tropa de refuerzo.
Estas escuadras se alternan en las posiciones y para la realización de algunas acciones complejas se unen dos o más. Luego regresan a sus posiciones. Por la cercanía del Regimiento No. 7 en Holguín, el escaso número de combatientes rebeldes y lo desfavorable del terreno, queda un tramo sin vigilancia entre el Cruce de Maceo y la ciudad de Holguín.
La orden impartida a estos grupos es la de abrir fuego contra todo transporte militar que circule e interceptar a los restantes vehículos que conduzcan productos agrícolas o suministros de otro tipo, pues de llegar a Holguín seguramente irán a dar a manos del Ejército batistiano.
La primera emboscada se produce el 15 de noviembre en Las Casimbas. La escuadra de Ariel Zamora, reforzada con la de Manolito Ramírez, dispara contra un convoy enemigo. La superioridad numérica y en armamento del Ejército del dictador Fulgencio Batista obliga a los revolucionarios a replegarse minutos después del ataque.
Esta táctica, denominada muerde y huye; de acecho, volver a morder y huir, es empleada generalmente en la lucha de guerrillas y en nuestro territorio es adoptada por los luchadores revolucionarios.
El hostigamiento, aunque no causa gran número de bajas, intimida al enemigo, le impide llevar la iniciativa y le provoca inseguridad permanente, al punto de que, a finales de diciembre de 1958, apenas se patrullaba la carretera.
Se cumplía así la orden dada por Fidel y se ponía en una difícil situación al enemigo al arreciar el descontento popular por la carencia de alimentos y otros productos básicos para la población.
