Julio Antonio Mella es de esos hombres que con el paso del tiempo se agigantan, y su legado histórico permanece vivo, actual y consecuente con sus ideales.
Este 10 de enero se cumplen 83 años del vil asesinato de ese ejemplar joven revolucionario, ultimado en México por órdenes del tirano Gerardo Machado, y la juventud cubana se apresta a rendirle merecido tributo de recordación a quien consagró su corta y profunda existencia a la causa de su pueblo.
Fue Mella un joven destacado en las luchas estudiantiles y también descolló como deportista, pero indiscutiblemente sobresalió como líder revolucionario y fundador de la Universidad Popular “José Martí” y del Primer Partido Marxista Leninista de Cuba, junto con Carlos Baliño, y dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
Eso solo hubiera bastado para incorporarlo en el martirologio de la Patria, pero su actividad constante al servicio del triunfo de la Revolución, que tanto anhelaba y no logró ver materializado en vida, lo hacen una figura imprescindible en las luchas emancipadoras de Cuba.
Cuentan los historiadores que al sentirse herido de muerte expresó: “muero por la Revolución”, como confirmación de que las balas asesinas pretendían eliminarlo físicamente, propósito logrado, mas con su caída se convirtió en símbolo y bandera que continúa inspirando batallas y ondeando en favor de los vientos de la justicia y la victoria.
“Hasta después de muertos somos útiles”, diría con asombrosa certeza Julio Antonio Mella, ese ejemplo imperecedero para la juventud cubana, la cual se nutre de sus enseñanzas al consagrar su vida al compromiso histórico asumido como líder político y dirigente estudiantil.
Como justo y permanente homenaje a su figura, su efigie, junto a las de Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, identifican el emblema de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC). Sencillamente así se rinde honor a quien honor merece.