maximo_gomez.jpgMáximo Gómez Báez dejó una profunda huella en la Historia de Cuba al secundar a los patriotas en las Guerras de Independencia de los años 1868 y 1895. Con sus famosas cargas al machete y su estatura imponente junto a las columnas mambisas acosaba en los campos de batalla a las fuerzas españolas enemigas, fuertemente armadas.

Nació en Baní, actual República Dominicana, el 18 de noviembre de 1836. Desde el instante en que se incorporó al Ejército Libertador en la antigua provincia de Oriente, donde se inició la Guerra del 68, el valiente dominicano se distinguió en el combate, donde demostró sus grandes dotes militares.

Cuando fracasó la Guerra, Gómez retornó a su país natal. Allí lo visitaría varias veces José Martí para solicitar su incorporación en el reinicio de la lucha independentista cubana. El General que soñaba con nuevos campos de batalla y cargas al machete para redimir a los humildes se dejó convencer.

En 1895 con 58 años de edad Máximo Gómez desembarcó el 11 de abril de 1895 en Playita de Cajobabo con José Martí y otros cubanos para participar en la denominada Guerra Necesaria, iniciada el 24 de febrero de ese año. Fue designado nuevamente General en Jefe del Ejército Libertador.

Cuando en una ocasión le preguntaron por qué había tomado las armas respondió que "primero lo había hecho por la libertad del negro esclavo y después al comprender que en el país también existía una especie de esclavitud blanca". Motivado por ambas injusticias cometidas por el colonialismo español, Gómez se lanzó a la lucha por la redención de todos los hombres, que debían ser libres y nacer libres.

Resultó un duro golpe para Máximo Gómez la caída en combate de José Martí el 19 de Mayo de 1895, año del inicio de la guerra, y después las de Antonio Maceo y su hijo "Panchito" (Francisco), el siete de diciembre de 1896, y a pesar de su gran dolor continuó luchando por la independencia de Cuba.

Por los acontecimientos que se sucedieron en la mayor de las Antillas después de la intervención en 1898 de Estados Unidos en la guerra, como muchos patriotas cubanos se sintió decepcionado. Consideró que la Enmienda Platt era "la pesadilla, el espantajo de todos los espíritus patrióticos independientes".

El Generalísimo, como era conocido entre sus compañeros de armas, no aceptó la presidencia del país ofrecida por sus compañeros de armas y como respuesta dijo que había cubanos más inteligentes y capaces para desempeñar tan alto cargo. Vio que esa vez la nación cubana tampoco alcanzó la verdadera independencia, intervenida y sometida por Estados Unidos de América.

En los últimos años de su existencia, Máximo Gómez se puso del lado de la clase obrera cubana. Falleció en La Habana el 17 de junio de 1905, a los 69 años de una existencia enaltecida por su valentía en el combate y su consagración a la causa independentista cubana.