Simulacro del encuentro entre las dos culturas. Foto: Amauris Betancourt (Archivo)Los historiadores afirman que en la noche del 27 de octubre de 1492, las naves capitaneadas por el almirante genovés Cristóbal Colón, arribaron a Cayo Bariay, en el actual municipio de Rafael Freyre, perteneciente a la oriental provincia de Holguín, pero el desembarco se produjo al otro día.
Por tanto, este 28 de octubre se cumplen 523 años de aquel histórico acontecimiento que significó el encuentro entre dos culturas, las del viejo y el nuevo continente.
Cuentan que el intrépido almirante, gratamente impresionado por la exuberante vegetación, el trinar de los pájaros y la belleza del paisaje, expresó su célebre frase "esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron".
Según registra la historia, Colón primeramente nombró Juana a las tierras descubiertas, una manera de homenajear a la primogénita de sus majestades católicas, y luego Fernandina, en referencia al Rey de España. Se dice que hasta su deceso, ocurrido el 20 de mayo de 1507, creyó que había llegado a algún punto geográfico perteneciente al continente asiático.
Colón encontró a su paso utensilios de piedras labradas, parcelas bien cultivadas, entre otras sorpresas con tabaco y, sobre todo, nativos perplejos ante tan extrañas figuras por su modo de hablar, color y vestimentas.
Posteriormente decidió dar por terminado su primer viaje y regresar al punto de partida, para lo cual repletó las bodegas de La Niña, La Pinta y la Santa María, con productos y ejemplares de la flora y fauna de las tierras descubiertas, así como objetos representativos de la cultura autóctona y un lote de indígenas.
En la segunda expedición viajó con el deliberado propósito de asegurar el dominio español en las tierras nuevas incorporadas al dominio de la corona de España.
Hay que recordar que se trataba de hombres dados a las aventuras y la búsqueda de riquezas, afanes que en pocas décadas de conquista y colonización, provocaron el casi total exterminio de la población indígena, que era sometida a los rigores del trabajo esclavo.
Colón hizo firmar un acta a sus acompañantes en la que establecía que Cuba era parte de la tierra firme, es decir, continental, y no una isla y quienes opinaban lo contrario se exponían a severas multas y castigos.
Obsesivo e intransigente el intrépido navegante, transcurridos 15 años, siguió creyendo que Cuba era parte de las tierras firmes de Asia, y como aquellas abundante en riquezas.
Para adueñarse de tan preciado botín sólo necesitaba el tiempo y los recursos que los reyes y la muerte negaron al gran descubridor de las tierras ya descubiertas por los indígenas.
