mambises.jpgLa separación de Cuba del yugo colonial español tomó matices diferentes a partir del surgimiento de tendencias ideológicas que transitaron desde el reformismo hasta el independentismo, corriente esta que se fraguó a partir del pensamiento ético del hombre que a decir de Martí enseñó a pensar a los cubanos: el Padre Félix Varela.

Corría la segunda mitad del siglo XIX y en Cuba se había formado una generación de acaudalados criollos que veían necesario el rompimiento de las cadenas del yugo colonial, entre ellos Carlos Manuel de Céspedes, esclavista con una formación patriótica dotada desde la Universidad de San Jerónimo de La Habana, donde se había graduado de abogado.

A Céspedes le corresponde el mérito histórico de ofrecer el primer grito de independencia.  El 10 de octubre de 1868 en su finca en La Demajagua ofreció la libertad a sus esclavos y los exhortó a unirse en la lucha por la emancipación.

Temprano en la mañana, cuando apenas habían asomado los primeros rayos del Sol, Céspedes  pronuncia una patriótica proclama donde afirma su preferencia por dejar de ser señor de esclavos para ser en lo adelante un esclavo de innumerables señores, pero libre del yugo de la tiranía española.

Los negros esclavos convertidos en soldados de la patria se aliaron a la exhortación de Céspedes y al día siguiente partieron hacia el poblado de  Yara, donde pretendían enfrentarse por primera vez a las fuerzas del ejército español en Cuba, sin disponer de armas y preparación militar alguna.

Confiadas en el pacto de rendición de la guarnición de Yara, las tropas insurrectas se dirigían a ese poblado que ya había sido sitiado por una columna española, anticipándose a las tropas insurrectas que recibieron una concentrada descarga de fusilería ocasionando la dispersión y sólo Céspedes y once patriotas más se mantenían firmes.

Ante el lamento de que todo se había perdido, el jefe revolucionario se alzó con toda la energía y convicción para replicar en el acto “aún quedamos doce hombres, basta para hacer la independencia de Cuba “, convicción en la victoria que quedó impregnada en las posteriores generaciones de revolucionarios.

La previsión de Céspedes  se cumplía en los días siguientes en toda la provincia, ya que el viril ejemplo patriótico de La Demajagua arrastraba a los revolucionarios  de todas las comarcas de Oriente: Vicente García entró victorioso en Las Tunas;  Donato Mármol y Calixto García tomaban Jiguaní, Santa Rita y Baire, mientras en la demarcación de Holguín  se alzaban en armas Julio Grave de Peralta y Luis Figueredo entre otros patriotas que secundaron  la lucha.

El alzamiento del 10 de octubre de 1868 protagonizado por Carlos Manuel de Céspedes inició un largo período de lucha que no terminó hasta el triunfo de la insurrección armada el primero de enero de 1959 bajo el liderazgo del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

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