ataque-a-la-ciudad-de-nagasaki.jpgEl nueve de agosto de 1945, tres días después de que fuera arrojada una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, se repetía la acción criminal en Nagasaki, como una demostración de fuerza y poderío por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.

Con esos bombardeos atómicos el gobierno estadounidense se propuso someter a Japón y, al propio tiempo, poner fin a la Segunda Guerra Mundial. La bomba Little Boy lanzada sobre Hiroshima provocó la muerte a unas 140 mil personas, mientras que la arrojada en Nagasaki, nombrada FatMan, causó alrededor de 80 mil víctimas entre muertos y heridos.

Esos fueron los saldos iniciales de la masacre, pero las generaciones posteriores sufrieron también las consecuencias de esos criminales bombardeos, debido a los efectos de la radioactividad,y la aparición de enfermedades derivadas de esas explosiones nucleares.

Ciertamente con esa demostración de fuerza y superioridad militar, Estados Unidos logró su objetivo de someter a Japón al lograr su rendición, y con ello dar por concluida la Segunda Guerra Mundial.

A partir de entonces la carrera armamentista ha tenido un desarrollo creciente, siempre con los Estados Unidos de Norteamérica como gendarme internacional en busca de materializar sus afanes expansionistas.

Aunque el poder destructivo de las bombas empleadas en Hiroshima y Nagasaki provocó una gran destrucción, las armas nucleares existentes en la actualidad superan con creces el alcance y poderío de aquellas, y serían suficientes para destruir al planeta y con ello la existencia humana.

Es por ello que se impone detener la carrera armamentista, promover la paz entre todos los países del mundo, y luchar para que lo acontecido hace 71 años en Hiroshima y Nagasaki, sea solo una pesadilla que no debe repetirse jamás.

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