El golpe de estado del 10 de marzo de 1952 consumado por el dictador Fulgencio Batista desde las filas del ejército acentúo los males sociales influidos desde los gobiernos auténticos, lo que unido a la supresión de las libertades democráticas hizo posible la creación de las condiciones para el estallido revolucionario.
Desde el ala más radical del Partido del Pueblo Cubano, ortodoxo, de arraigo popular se erigió el abogado Fidel Castro Ruz y otros muchos jóvenes que asumen con firmeza revolucionaria el pensamiento martiano, cuyas ideas las convirtieren en estandarte de lucha para cambiar el orden imperante.
En enero del año 1953 Fidel Castro participa en el Congreso Martiano desde donde se acordó organizar un desfile por la Flor y la Bandera a efectuarse el 28 de enero en homenaje al centenario del Apóstol. Como parte del programa de acciones patrióticas fue convocada además para la víspera de la efemérides una peregrinación desde la escalinata de la Universidad hasta la fragua Martiana, refrendada por la historia como La Marcha de las Antorchas.
En las filas de la posteriormente acreditada Generación del Centenario se gestaba la estrategia de la lucha armada como vía para sacar a quien había llegado al poder pisoteando los derechos constitucionales.
El asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, segunda fortaleza militar de la dictadura, reivindicaba al Apóstol como práctica de apego al pensamiento que otros encumbraban sólo de palabras.
Sobre los protagonistas de la acción armada se ensañó la más cruel represión al punto de que el dictador ordenó asesinar a diez combatientes por cada uno de los soldados muertos durante el enfrentamiento.
La acción fracasó desde el punto de vista militar pero se convirtió en la chispa que avivó la llama de la rebeldía y condujo al triunfo de la revolución martiana, cuyas doctrinas se convertían en bandera de acción por la creación de la patria nueva, Con todos y para el bien de todos.
En el alegato de autodefensa, conocido como La Historia me Absolverá Fidel enfatizó, ¡Parecía que el Apóstol iba morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre ¡ tanta era la afrenta ! … , hay jóvenes que en magnifico desagravio vinieron a morir junto a su tumba a darle su sangre y su vida para que siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!