?Cuba no tiene más camino que conquistar su redención, arrancándosela a España por la fuerza de las armas?.
La voz clara y precisa del joven Ignacio Agramonte se levantó ante los intentos de traicionar a la naciente Revolución, que cobraba fuerza en el oriente del país. Fue ese su primer servicio extraordinario a la lucha por la independencia.
Este 11 de mayo se conmemoran 138 años de la desaparición física -amarga y dolorosa en la larga lucha del pueblo cubano- de quien el Apóstol llamara ?diamante con alma de beso?.
Pero su pérdida no significó el fin de su existencia; su figura emerge entre su pueblo como un ejemplo de los cuantiosos sacrificios sobre los que se erigió la Patria.
No fue fácil la lucha por la emancipación. Muchos escollos hubo que sortear en el empeño libertario y Agramonte fue firme bastión de la contienda.
Con su legendaria tropa escribió páginas inolvidables. Dondequiera que había un campamento de El Mayor, había un centro de instrucción militar y una escuela. Inculcó a los patriotas camagüeyanos su espíritu, su ejemplo y sus extraordinarias virtudes.
Fue protagonista de la Primera Constitución de la República en Armas, y también de una de las más grandes proezas de la historia de Cuba: el rescate del Brigadier Julio Sanguily.
El ejemplo de Agramonte se yergue en los tiempos actuales en las llanuras del Camagüey. Su legado nos llena de firmeza y disciplina, seguros de que el oprobio no volverá a nuestra Patria, de que no habrá divisiones, ni paraderos de Minas.
"Que nuestro grito sea para siempre independencia o muerte" sentenció una vez El Mayor, y los agramontinos, como fieles seguidores de su entereza, continuaremos la lucha por la que él derramó su sangre, aunque nuestros campos de batalla son otros.
Nos corresponde entonces el combate por mantener ondeando las banderas del Socialismo, a través de la materialización de los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista.