Monumento a Maceo en la ciudad de Holguín. Foto tomada de radioangulo.cuUn digno camino recorrió la gesta de lucha independentista desde el instante en que Carlos Manuel de Céspedes liberó a los esclavos, hasta que Antonio Maceo le exigiera a Martínez Campos en Baraguá eliminar la esclavitud como condición mínima para la paz de Cuba.
La propia estructura organizativa de la República en Armas acordada en la Constitución de Guáimaro acentúo las discrepancias entre el poder civil y ciertos jefes militares, incorporados a la lucha por intereses económicos.
El regionalismo emanado de esta situación política y militar comenzó a sembrar suspicacia, al punto de desencadenar en un acuerdo de rendición conocido como el Pacto del Zanjón.
Las diferencias en la composición social de las fuerzas incorporadas a la lucha en la región del centro con las del oriente, amplificaron la capitulación, sin que se concretara el fin de la esclavitud, ni mucho menos la independencia.
Y mientras la región del centro deponía las armas, en el oriente el General Antonio Maceo lograba resonantes triunfos militares al destruir el batallón de Cazadores de Madrid y al derrotar tras enconados combates al escuadrón de San Quintín
El pacto de rendición crea incertidumbre y descontento entre las fuerzas insurrectas, en tanto la mirada se extendía hacia la figura de quien, a golpe de coraje, había alcanzado la más alta jerarquía militar: Antonio Maceo y Grajales.
Maceo convoca al general español Arsenio Martínez Campos a una entrevista que se efectuó el 15 de marzo de 1878, conocida como la Protesta de Baraguá, en la que el Titán patentizó la firme disposición de seguir la lucha hasta alcanzar la independencia.
La Protesta de Baraguá elevó a su más alto pedestal el espíritu patriótico y revolucionario de Maceo, y sitúo la bandera de lucha emancipadora en la cima del ideario independentista del pueblo cubano, cuyo ejemplo trasciende por su alcance patriótico hasta nuestros días.