Milicianas cubanas. Foto: Amauris Betancourt.La marcialidad en la preparación combativa y el eco del sonido de la botas al caer sobre el polvoriento camino son imágenes que se preservan intactas hasta nuestros días entre quienes tuvieron el honroso honor de acompañar desde los primeros meses a la Revolución triunfante de enero de 1959.
Millones de cubanas y cubanos guardan como tesoros en sus memorias, después de 55 años, el acto de masas realizado en protesta por las sucesivas agresiones de Estados Unidos contra la Isla, donde el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó el 26 de octubre la constitución de las Milicias Nacionales Revolucionarias.
Las milicias nacían a partir del ejemplo de Los Malagones, primeros milicianos de Cuba, quienes ante la misión encomendada por el líder de la Revolución Cubana, solo necesitaron dos semanas para capturar a la banda de alzados del cabo Lara, en Pinar del Río.
Era el verde olivo de la Sierra Maestra y el tañer de las campanas libertarias de La Damajagua en los corazones de los campesinos, obreros, y estudiantes. Eran los hijos de un pueblo abrazados a su patria y decididos a ser libres.
Los tiempos de grandes transformaciones sociales, económicas y políticas, incluían el necesario fortalecimiento del poder de los humildes ante quienes plagaron de miseria los campos y ciudades de Cuba por más de medio siglo amparados por la Enmienda Platt.
Milicianos fueron los hombres y mujeres que enfrentaron con heroísmo miles de sabotajes, quienes fusil en mano se batieron en el Escambray, en Playa Girón. Milicianos son quienes mantienen la pupila vigilante para que la Revolución siga triunfante, y los tiempos de milicias signifiquen por siempre patria para todos los cubanos.