Fidel Castro recibe a los deportistas cubanos que protagonizaron la hazaña del Cerro Pelado. Foto: lajiribilla.cuFidel Castro recibe a los deportistas cubanos que protagonizaron la hazaña del Cerro Pelado. Foto: lajiribilla.cuEl ocho de junio de 1966 partía desde Santiago de Cuba el barco Cerro Pelado con más de 300 atletas y entrenadores rumbo a San Juan, Puerto Rico, a conquistar una vez más la gloria deportiva. Sin embargo, quienes se sumaron en tal travesía tal vez nunca imaginaron que Borinquen se convertiría en el inicio de la superioridad deportiva cubana en el área.

El 10 de junio, bajo vuelos rasantes de aviones norteamericanos que trataban inútilmente de intimidar a los cubanos, José Llanuza, jefe de la delegación, redactó la Declaración del Cerro Pelado, texto que denunciaba ante el mundo el irracional e ilegítimo comportamiento del Departamento de Estado de los EE.UU.

Es por ello que esta fecha quedó grabada en la historia como uno de los grandes acontecimientos del deporte cubano y del buque insignia Cerro Pelado, que tras su partida mostró la respuesta digna de nuestros deportistas ante las maniobras del gobierno de los EE.UU. para impedir el derecho del deporte cubano a competir en los X Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Las grandes perspectivas de romper las barreras del bloqueo yanqui fueron mostradas este día por los atletas cubanos, pues hicieron frente a la negación de visas para los deportistas y representantes de la Mayor de las Antillas. Ni el asedio de aviones yanquis hizo por un momento dudar a quienes iban tras la gloria y el honor de representar las cuatro letras de nuestra Cuba.

Este evento se convirtió en un escándalo internacional por lo que en varios continentes surgieron numerosas protestas y el gobierno yanqui se vio obligado a entregar las visas para que los cubanos desembarcaran, pero lo hicieron casi simultáneamente al comienzo del acto inaugural del certamen.

Después de varias horas de travesía marítima, la representación deportiva cubana fue trasbordada en alta mar, en condiciones riesgosas y difíciles, ya que la embarcación había sido obligada a anclar a casi cinco millas de las costas borinqueñas y así demoraría aún más el arribo de los atletas antillanos.

No obstante, los miembros de la delegación cubana llegaron a tiempo a la ceremonia inaugural y enarbolaron nuestra enseña nacional en el estadio Hiram Bithorn.

En la cita centro caribeña los atletas cubanos tuvieron una destacadísima actuación, ubicándose segundos en la tabla de posiciones con 78 preseas, 35 de oro, 19 de plata y 24 de bronce, superados sólo por México y donde los criollos consiguieron ganar en 11 de los 22 deportes en competencia. Así se ratificaba la voluntad indeleble de los deportistas cubanos de multiplicarse ante los obstáculos impuestos por los Estados Unidos.

Pero aún mejor que las medallas alcanzadas fue el recibimiento que tuvieron a su llegada a puerto cubano. De regreso a La Habana, el claxon del barco se armonizaba con el pito de los carros. Todo el que pasaba aprovechaba y se unía a la celebración de madres, padres, hermanos, tíos; familiares todos que aguardaban para abrazar a sus muchachos, transformados en héroes.

Hoy, a casi 50 años de aquel memorable acontecimiento, el Cerro Pelado le dio renombre al deporte de alto rendimiento que se estaba gestando en la Mayor de las Antillas. Los atletas de hoy son fervientes herederos de aquella generación que los antecedió. La hazaña cubana en San Juan y el Cerro Pelado son y serán siempre una declaración que se convirtió en historia.