Cuando un pionero cubano pronuncia la frase: “Seremos como el Che”, sabe que esas cuatro palabras constituyen la personificación de un hombre que no solo es historia de un país en particular, es la historia de América, del Mundo.
Hace 49 años los verdugos del Che pretendieron silenciar su ejemplo, pero este se multiplicó en cada campesino, en cada obrero, en cada llano y montaña, en cada pueblo, en cada aldea, en cada rincón donde hay un niño hambriento, en cada hombre o mujer que sufre la discriminación. El Che es imagen y ejemplo, dignidad y valor.
Esos pioneros cubanos conocen parte de la historia del Hombre de la Higuera a través de las lecturas, de los relatos de sus padres y abuelos, de lo que les dicen sus maestros para que la leyenda perviva. Él y Camilo Cienfuegos fueron grandes amigos que juntaron el valor, el arrojo, la fidelidad y pasaron a la historia.
Combatieron juntos no solo con las armas, también con las palabras, con los argumentos y acciones para convencer, para persuadir, para que los hombres fueran libres, y tuvieran pensamiento propio.
Ahora se inicia una jornada que se extenderá hasta el próximo día 28, aniversario 57 de la desaparición del Héroe de Yaguajay. En ese contexto los pioneros José Martí en la versión de Moncadistas reciben en sus escuelas los atributos en actos que serán inolvidables para los hombres y mujeres del mañana.
Quiso la naturaleza con su fuerza imprevista que las niñas y niños del primer ciclo de la educación primaria de las provincias orientales no recibieran por esta fecha sus pañoletas que los distingue como pioneros moncadistas, pero el momento será oportuno, en este octubre cargado de patriotismo. Ser como el Che es también ser como Camilo, ellos fraguan el hombre nuevo.
