Fidel Castro, nuestro Fidel, ha trascendido a la posteridad como uno de los grandes estadistas.
Dotado de inteligencia natural, desde sus primeros pasos en la vida dio muestras de que aquel niño estaba fuera de lo común.
Birán es la tierra que lo vio nacer y crecer. Cuentan quienes estuvieron siempre a su lado que el contacto temprano con la naturaleza fortaleció el crecimiento físico y espiritual del joven.
Y es en Santiago donde continúa su aprendizaje en asignaturas, pero también de ética, de moral, de convicción, de patriotismo. Es el mismo Santiago que en 1953 lo encuentra como el líder indiscutible que va al Moncada junto a otros jóvenes porque “era tanta la afrenta”.
De Fidel se afirma que dirigió magistralmente a su pueblo desde el mismo triunfo de la Revolución hasta que su salud se lo permitió, pero aun así sus reflexiones, sus intervenciones, sus enseñanzas, su educación continuaron, es la luz que resplandece en un humanista de raíz, en un convencido de que el capitalismo nada tiene que ver con el hombre libre.
Este martes está cumpliendo noventa y tres años. Y lo digo en presente, hombres como él son presencia permanente. Indican el camino a los jóvenes de hoy, a esos que son fieles a la Patria, los que en el estudio, la producción y los servicios manifiestan su incondicionalidad con el ejemplo, la eficacia.
Al pensamiento de Fidel, a su andar por la vida, a su afectiva presencia hay que acudir ahora y siempre. Es un legado para todos los tiempos para esos que no escatiman jornadas para construir el Socialismo próspero y sustentable, para los que son los primeros, el ejemplo en conducta, en decencia, para los que no claudican.
¿Quién ha dicho que Fidel es pasado? Él tiene aún mucho que decirnos, que encauzarnos, de ahí que los agradecidos te acompañamos siempre, Comandante!
