Sobre la pista del aeropuerto de Caracas quedaban las huellas del vuelo de Cubana de Aviación; le acompañaban la alegría del triunfo de jóvenes deportistas cubanos en contraste con el odio y la maldad de quienes no renuncian a una Cuba independiente.
La nave cruza el espacio y en breve tiempo cumplía su primer itinerario, mientras los autores materiales del sabotaje, luego de haber dejado ubicada las dos cargas mortíferas, descienden para ceder espacio a otro pasajero, Argelio Reyes, quien pretendía retornar a La Habana, luego de cumplir su misión como director de la Flota Camaronera del Caribe.
Minutos después del despegue, una primera detonación provoca el pánico. El avión intenta ganar altura para retornar al aeropuerto, pero una segunda explosión lo precipitó hasta la profundidad de la inmensa masa de agua donde yacen tripulantes y pasajeros.
Con esos detalles recuerda el calixteño Álvaro Reyes Aguilar el Crimen de Barbados, en el que perdió a su hermano Argelio, por quien los familiares, residentes algunos en la localidad holguinera de Las Casimbas, sentían un cariño muy especial.
“Mis padres eran muy apegados a Varón, como le apodaban desde pequeño. La desaparición de nuestro hermano causó desconsuelo en ellos, sentimiento del que jamás pudieron despegarse, creo que eso aceleró la muerte de ellos”, relata con la memoria muy cercana al hecho, Álvaro Reyes Aguilar, hermano de una de las 73 víctimas de ese acto terrorista, una herida sangrante en el recuerdo de la familia Reyes Aguilar y en el pueblo cubano, que aguardan por la justicia.
Amparados por el odio, los autores del bárbaro atentado circulan hoy libres por la calles de Miami, mientras en las cárceles de Estados Unidos, los Cinco Héroes cubanos, que protegían a su pueblo de hechos como este, sufren largas e inmerecidas condenas.