Quién no ha escuchado alguna vez el conocido poema Lázaro de los pobres, del poeta cubano Jesús Horta Ruíz, el indio Naborí, dedicado a quien supo dar ejemplo decubanía y honradez, el eterno Lázaro Peña González.
“No hay que decir tu nombre para nombrarte siempre”, así expresa uno de los versos que ilustran el valor, la entrega y la admiración por este hombre que desde pequeño se caracterizó por su ternura, humanismo y amor por la familia.
Había nacido el 29 de mayo de 1911, en la habanera barriada de Los Sitios, de origen muy humilde por su condición de pobre y negro. Pero el niño Lázaro, quien quiso temprano ser violinista y no pudo lograrlo, traía una estrella y una energía que bien pronto empezaron a crecer hasta convertirlo en un descollante combatiente cubano, de integridad a toda prueba.
La fecha de su natalicio, el 29 de mayo, no es por azar la elegida por los tabacaleros cubanos para celebrar su Día, pues se convierte en homenaje al inclaudicable combatiente por sus derechos, al Capitán de la clase obrera cubana, como lo calificara el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Hoy recordamos a quien tuvo una relevante participación en la huelga general revolucionaria de marzo de 1935, última movilización de peso de la revolución de los años 30. Tal implicación lo hizo padecer encarcelamiento. Una vez en libertad se convirtió en líder y defensor de los sufridos obreros cubanos. De tal empeño surgió la Confederación de Trabajadores de Cuba.
Mucho aportó este cubano digno a la unidad del movimiento sindicalista, su protagonismo en huelgas, su enfrentamiento al crimen y la persecución contra los obreros, lo situaron como paradigma de hombre leal y defensor de los derechos del proletariado.
Destacó por su carisma para forjar y aunar futuros dirigentes de la talla de Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias, y por su capacidad para escuchar los más diversos criterios que atendía con sencillez y humildad.
Gloria eterna entonces a quien es considerado maestro de cuadros sindicales, a quien hizo importantes aportes como secretario general antes y después del triunfo de la Revolución. Gloria al hombre que aleccionaba con su ejemplo de honradez y cumplimiento del deber, y a quien sobresalió por su liderazgo frente a la Central de Trabajadores de Cuba, otrora Confederación, de la cual también fue su primer secretario. Gloria eterna al capitán de la clase obrera.
