El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico, escribió Martí en el primer artículo de las bases fundacionales de esta organización.
Precisamente ese fue el gran objetivo y mérito de este partido fundado el 10 de abril de 1892: aunar a los cubanos que aspiraban al fin común de la independencia de su tierra.
No podía ser de otra forma al conocer que ese había sido uno de los factores determinantes del fracaso de la guerra que los precedió. De eso estaba plenamente consciente nuestro Héroe Nacional y así lo hizo saber: “se unen en esfuerzo ordenado, con disciplina franca y fin común, los cubanos que han entendido ya que, para vencer a un adversario deshecho, lo único que necesitan es unirse”.
Hablamos de la unidad más allá del nombre, de estar agrupados bajo la misma denominación. No fue un partido para enaltecer una figura, ni para alentar ambiciones ni vehemencias personales. Fue un partido para agrupar a una nación y sus anhelos, pues al decir del propio Martí “El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”.
A la vez, buscaba transformar los métodos de dirección y superar las contradicciones principales entre militares y civiles, cubanos dentro y fuera del país, patriotas veteranos y de la nueva generación.
Quedaba claro así la confluencia de ideas que estaría presente en la acción, al afirmar "La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión (…)”, lo que evidencia que daba lugar a la polémica, la libertad de pensamiento, el espacio, desde una óptica más contemporánea, para el debate.
Ardua fue la labor del Partido Revolucionario Cubano en pos de la unidad, la preparación de la Guerra Necesaria, la organización de expediciones, la recaudación de fondos a través de donaciones de los integrantes de los clubes y colectas para apoyar la gesta libertaria.
Por eso este Partido no ha sido olvidado. Poco importó la deshonrosa disolución a la que lo condujo Tomás Estrada Palma cuando alegaba que la Patria estaba redimida al convertirse en botín de guerra para los Estados Unidos. El Partido Revolucionario Cubano quedó en el recuerdo de los cubanos. Se erigió en ejemplo para la constitución de una organización que lidera, convoca, pero sobre todas las cosas, une.