Aún navega el Granma, sesenta y dos años después de su hazaña iniciada en Tuxpan, México, hasta llegar a las costas insurrectas de Niquero, antigua provincia de Oriente.
Solo ochenta y dos hombres integraron la expedición, conocedores de los peligros de una confrontación donde el enemigo era muy superior en armas y pertrechos de guerra.
Pero predominaba el compromiso con Fidel y con la Patria. Habían jurado: Si salimos, llegamos; Si llegamos, entramos; Si entramos, triunfamos. Y así fue desde entonces pese a las adversidades, el yate entró y triunfó, triunfó con esa carga de optimismo, y la convicción de que pese a los infortunios bastaban pocas armas para la victoria.
Y hoy, sesenta y dos años después, el Granma nos inspira a ser los primeros en el estudio, en el trabajo, a ser disciplinados y a cumplir con el encargo social que a cada quien le corresponde, a ser mejor persona, a producir con eficiencia y sentido de pertenencia.
Y más aun en un municipio como el nuestro, necesitado del vuelco en la agricultura, con el fin de satisfacer las necesidades del pueblo, para que nuestros hijos encuentren en lo suyo la seguridad de un empleo que responda a sus inquietudes y mantengan una vida plena.
El Granma nos acompaña y por eso seguiremos su rumbo todos los cubanos dignos, los que creemos que sí se puede y que poco a poco nuestra economía podrá avanzar, que la sociedad seguirá encontrando en los sueños de ayer y de siempre, la claridad del mañana.
El Granma, ese yate que un día emprendió su ruta con una carga inmensa de hombres pletóricos de patriotismo y de fe en la victoria, no dejará de guiarnos y llevarnos al logro de nuestros propósitos para que nuestra patria, Cuba, siga siendo una nación libre, independiente y soberana.
