Historia

paquitoSu nombre Francisco, pero le decían, como a todos los que llevan este nombre, Paco, Paquito. Niño al fin era inquieto, jovial, gustaba de jugar pelota. La magia del cine o de la literatura hacía volar su imaginación hasta los confines más remotos.

Paquito era el menor de seis hermanos nacidos en el seno de una familia humilde. Al calor de las buenas enseñanzas hogareñas y de la cobija de sus hermanos mayores se moldeaba poco a poco la arcilla de un joven que prometía ser un hombre de bien.

No se estaba quieto un segundo. Quería estar en todas las actividades, incluirse en todas las manifestaciones, huelgas y cuanta movilización popular se organizara. Poco valían los intentos de su madre, conocedora del peligro que asechaba a su pequeño, para disuadirlo de sus ideas. Paquito, valiente, decidido se las ingeniaba para lograr la autorización de su mamá. No importaba el esfuerzo o el tiempo que le llevara.

Con ese espíritu ingresó en 1933 a la Liga de Pioneros. Por coincidencia del destino o de la historia ese mismo año arribaron a nuestro país, procedentes de México, las cenizas de Julio Antonio Mella. Los trabajadores se prepararon para homenajear al mártir que, sabiendo que Machado lo había mandado a matar, aseguró que moría por la Revolución.

Tampoco quiso faltar Paquito a un hecho tan importante y ante los temores de su progenitora, afirmó sin titubear: “Mella ha muerto por la Revolución y mi deber es ir, aunque me maten.”

Allí estuvo en guardia de honor al lado de las cenizas. No quiso ocultarse en algún sitio seguro, sino que se unió al cortejo fúnebre con un cartel en el que se leía: “Abajo el imperialismo”. Justo en aquel sitio Francisco, Paquito, González Cueto, encontró la muerte. Tenía apenas 13 años cuando quedó inmortalizado en las páginas de nuestra historia.

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