Con sabios argumentos defendió desde las tribunas erigidas en los organismos internacionales la verdad de un proyecto social que irrumpía al calor de la lucha, lo que le valió el título del Canciller de la Dignidad.
Tenía en su verbo la fuerza con que se defiende la verdad ante el asedio de los enemigos que pretendían desacreditar la obra redentora de la Revolución, tras las profundas transformaciones que devolvían la independencia y la autonomía de la nación cubana.
Raúl Roa García se distinguió no sólo como canciller, sino como intelectual revolucionario, profesor y político, forjado desde la adolescencia en los movimientos revolucionario contra la dictadura de Gerardo Machado y Fulgencio Batista.
Por sus ideales, los que defendió cara a cara contra el enemigo, sufrió prisión en más de una oportunidad e incluso fue forzado a marchar fuera del país, lo cual no reblandeció su carácter intransigente, de férreo apego a la justicia social.
Disponía Raúl Roa de una elocuencia que le permitía organizar sus ideas para conformar argumentos que desenmascaraban las trincheras que pretendían aislar a Cuba ante los organismos internacionales, ejercicio que desempeñaba con valentía y firmeza como para ganar el título que lo inmortalizó.
El 5 de julio de 1982 desapareció físicamente, pero su arrojo en defensa de la Revolución y su proyecto social lo inmortalizaron. Nuevas generaciones de diplomáticos, inspirados en su ejemplo, continúan el camino que dignifica a un pueblo junto a la Revolución y al Socialismo.
