De verde olivo y con el olor inconfundible de las flores del monte se recuerda cada nueve de mayo a Celia Sánchez Manduley, la guerrillera de la Sierra Maestra. Ella tiene el mérito de haber sido la primera mujer en incorporarse al Ejército Rebelde para compartir las ideas y los peligros de la lucha en el honroso pelotón de “Las Marianas”.
En su natal poblado de Media Luna, en Manzanillo, y en toda Cuba, esta mujer se convirtió en la más buscada por los esbirros de Batista por el sólo hecho de defender a los pobres y a la libertad de su patria.
Norma, Lilian, Carmen y Caridad fueron algunos de los seudónimos utilizados para ocultar su identidad y escapar con vida de la persecución y poder llegar a las serranías orientales.
Fue una de las colaboradoras más cercanas de Fidel Castro, quien la definiera como la Flor más autóctona de la Revolución cubana.
Hoy, Celia Sánchez Manduley, a 98 años de su natalicio, ilumina con los valores más distintivos de la mujer cubana: la firmeza en el carácter y la ternura de sus actos.
