camilo cienfuegos fidel castro entrada habanaVan a pasar los barbudos, fue la voz que se corría de boca en boca. Batista había huido. El Ejército Rebelde entraba triunfal a Santiago; en La Habana se fraguaba un golpe de estado. Fidel Castro, desde la capital oriental, daba indicaciones precisas a Camilo y el Che de entrar a Columbia y a Ciudad Libertad y convocaba una huelga general para evitar el zarpazo.

Pese a la propaganda en contra para desvirtuar el papel de los rebeldes en la Sierra Maestra, el pueblo sabía de ellos, conocía de Fidel y de la certeza de la lucha, veía en aquellos hombres la esperanza para resolver los males de los gobiernos de turno.

Los barbudos se habían idealizado en la gente, eran sinónimo de bien, de coraje, altruismo, de esperanza, por eso cuando se supo que en una caravana gigante recorrerían toda Cuba de Oriente a Occidente, la gente salía a los poblados a recibirlos y a la carretera central para verlos pasar.

Salieron de Santiago el dos de enero, Fidel Castro al frente como en cada combate. Llegan por la noche a Bayamo, el Comandante en Jefe habla al pueblo, continúan para Holguín, el tres en la mañana entran a la ciudad donde son agasajados por la muchedumbre y continúan la marcha hasta fuera de esta, rumbo a Las Tunas, donde se encontraba el cuartel del regimiento batistiano rendido ya al influjo rebelde.

Allí el líder les habla a los guardias, desconcertados por lo que se avecinaba y luego deciden pernoctar esa jornada en el lugar conocido por Brisas de Yareyal cerca del fortificado cuartel, el cuatro en la mañana continúa la marcha.

Buenaventura a penas era un pueblecito de campo con pocas casas y algunos comercios a ambos lados de la principal arteria cubana, por todos los laterales de esta y en los barrios cercanos a ella la gente se movilizó, por aquí habían campeado desde meses atrás las tropas que integraban el cuarto frente guerrillero, muchas de estas familias campesinas habían colaborado con ellos o prestado ayuda de una u otra manera a la causa.

Músicos de los órganos se dieron cita frente a la hoy casa municipal de cultura y durante el paso de los barbudos interpretaron, al ritmo de este instrumento músico, el Himno nacional recibiendo como premio el saludo victorioso de aquellos bravos soldados que regresaban del campo de batalla con todo el honor y la gloria sobre sus hombros.

Fue poco el tiempo que permaneció en nuestro suelo aquella tropa camino a la capital, lapso suficiente para que nuestra gente de entonces le ofreciera muestras de respeto, agradecimiento, cariño, y fe infinita, sabían que ellos harían realidad sus sueños de una patria mejor.

Cincuenta nueve años después, el paso de la caravana de la libertad sigue estando en los recuerdos de quienes aquel cuatro de enero de 1959 tuvieron la oportunidad de verlos pasar, y en el corazón de varias generaciones que gracias a ellos han podido vivir en una patria libre y soberana.