Historia

maceoTenía tanta fuerza en la mente como en el brazo, no podía estar donde no existieran el orden y la disciplina. Apuesto, viril, elegante como pocos. Supo avizorarnos de los peligros del enemigo del norte y su alerta de que quien intente apoderarse de Cuba recogerá solo el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la lucha. Un siglo después, Antonio Maceo y Grajales sigue siendo bandera de combate.

De su estancia en Mala Noche se recuerda, no solo al jefe, se habla del soldado que no renunciaba a la elegancia en medio de la manigua, del amigo, del buen bailador, quien con todos conversaba de cualquier tema, el que bebió la canchánchara que le brindaron.

Dos veces estuvo el bravo mambí en lo que es hoy tierra calixteña, la primera cuando aún era poco conocido, pero que ya daba muestras del gran estratega y jefe que sería: el 22 de septiembre de 1873 bajo las ordenes de Calixto García participaba en la toma del fortín de El Martillo; y su segunda estancia bien conocida fue en la prefectura de Mala Noche en 1895 cuando llegó y reorganizó allí la invasión a occidente.

Esta tierra se abonó además con la sangre de su padre quien fue herido cerca de San Agustín de Aguarás y cuya lesión causó la muerte después al progenitor de aquellos bravos y valerosos hombres que tan heroicos servicios prestaron a la patria.

Antonio Maceo, quien junto a otros de los suyos dejó la paz y tranquilidad de una finca campestre en las estribaciones de la Sierra Maestra para irse a combatir por la libertad de su tierra, fue escalando peldaños no por obra de la casualidad, sino ganados a base de entrega y coraje.

De soldado en la primera contienda emancipadora llegó a Lugar Teniente General del Ejército libertador en la Guerra Necesaria. Seis meses después de iniciada la beligerancia del 95, consciente de que había que remover toda la isla y prender la lucha por donde quiera para no tropezar con la misma piedra del 68, partió hacia occidente con la llama de la libertad.

Fue aquella invasión su más grande proeza militar y una de las hazañas de su tipo más trascendentales en la historia de América. Allí, en el otro lado de la isla grande, una vez más una bala enemiga encontraba su cuerpo, de aquel plomo no pudo salir ileso como otras tantas ocasiones y la muerte, a la que nunca le huyó, ni temió, lo encontraba.

La tropa perdía al adalid, pero su liderazgo continuó cabalgando junto a los mambises en los campos de Cuba, como cabalga 121 años después entre los cubanos que inspirados en el Titán de Bronce, seguimos en combate.

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