La primera etapa de lucha en los llanos, protagonizada por las guerrillas de alzados organizadas por las células del movimiento 26 de Julio, entró en un auge indetenible en el mes de octubre de 1958.
Fue la guerrilla de Orlando Lara el embrión; en septiembre Oscar Orozco recibe la misión especial de Fidel Castro de bajar como inspector de las tropas que en esta zona combatían.
Si bien es cierto que aún se debate la fundación oficial y que la fecha de celebración fue la escogida por Delio Gómez Ochoa, el cuatro de noviembre, el IV Frente tuvo un desarrollo sistemático y progresivo que se remonta a la misma formación de dichas guerrillas en el llano.
La contraofensiva rebelde en las lomas avanzaba, las columnas hacia occidente con el Che y Camilo se hacían indetenibles, en el triángulo Bayamo-Holguín-Las Tunas, las acciones se incrementaban, había que evitar a toda costa que el refuerzo enemigo desde occidente llegara.
Las principales vías de comunicaciones: la línea férrea, la carretera central y el camino de la reina estaban custodiadas por bravos guerrilleros, la lucha llegaba a las lomas de Gibara y a todas las elevaciones del norte oriental.
Mir se reafirmaba como centro no solo geográfico, sino estratégico y combativo del frente. Aparejado con las acciones militares se organizó la zona, se trabajó para el futuro, el día 25 de octubre comienza a funcionar en El Salvial la primera escuela en el llano liberado.
Orlando Lara organizó un sistema de comunicaciones único con plantas que enlazaban a toda la zona, el dos de noviembre realiza una alocución dirigida al pueblo de Cuba; los días 6, 7 y 8 el propio mes junto a Delio Gómez pasan por Mir, Cupey y Maceo declarando oficialmente libres esos territorios.
El cuatro de noviembre Fidel Castro emite desde la Sierra Maestra la orden militar de creación del nuevo frente con Delio Gómez Ochoa al mando. Como ya era tradición con la conformación de los tres anteriores, este recibiría un nombre, ninguno pudo ser mejor que el del Libertador de América, Simón Bolívar.
Aquí se liberaron pueblos, ciudades, se cobraron impuestos, se crearon hospitales de campaña, se alfabetizó, pero sobre todas las cosas se combatió con la firmeza y pujanza de un pueblo de estirpe y herencia mambisas.
Cincuenta y nueve años después, quienes habitamos esta región, nos regocijamos por ser seguidores de aquellos que no escatimaron empeños en aportar a la conquista de la libertad, porque como afirmara Bolívar “para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios”.
