Vivienda del poblado de Mir donde se reunieron los revolucionarios para reorganizar el movimiento 26 de julio en esa localidad. Foto: Ordey DíazLa historia de lucha del poblado de Mir, primero liberado en los llanos cubanos durante el último proceso de liberación nacional, es muy rica y está llena de momentos trascendentales. Uno de ellos ocurrió hace hoy sesenta años: la reestructuración del Movimiento 26 de Julio.
Este movimiento no surge de manera abrupta, tiene sus antecedentes en las tradiciones libertarias de sus pobladores, quienes se vieron obligados a adoptar superiores formas de lucha ante las miserias y penurias que ocasionaban los gobiernos de turno de la república neocolonial.
Durante el auge de la revolución del 33 ya existían en Mir células del primer partido marxista-leninista que se había fundado ocho años atrás en la capital, mientras que el Partido Ortodoxo o partido del pueblo, un años después de su nacimiento en la capital en 1946, encuentra seguidores en esta parte de Cuba.
Fueron precisamente integrantes de la ortodoxia quienes, ante el golpe de estado de 1952 y tras la proclamación de la insurrección armada como vía de oposición, planean atacar y tomar el cuartel de Mir. Fueron Antonio Mora, Nellín Pérez, Ibrahim Camejo, Bebé Camejo, Luis Pérez y Rafael Mora los líderes de aquel suceso.
Tras la partida de Fidel Castro al exilio, luego del asalto al cuartel Moncada en 1953, se forma entre aquella agrupación, conocida como Generación del Centenario, un nuevo movimiento revolucionario, que por idea del propio Fidel no sería un partido político para evitar lo encasillaran con sus similares que se debatían el poder y la demagogia, sería la organización que encabezara la futura lucha y se llamaría precisamente Movimiento 26 de Julio.
Un mireño de estirpe mambisa, Hernán Pérez Concepción, estudiante del Instituto de segunda enseñanza de Holguín, de amplia trayectoria revolucionaria, es quien encabeza la creación del movimiento allí.
A mediados de 1956 en el Club Los Amigos, en un encuentro donde estaban los conocidos revolucionarios Antonio Mora, Bebé Camejo y otros salidos de la ortodoxia, se suma quizás el combatiente de mayores méritos en lo adelante, Carlos Borjas.
Tras el desembarco y el inicio de la lucha revolucionaria en la Sierra Maestra, las acciones clandestinas en pueblos y ciudades del movimiento se intensifican, de igual manera la represión contra los revolucionarios por parte del ejército batistiano.
En diciembre de 1956 tras los dramáticos sucesos conocidos como las Pascuas sangrientas, donde son asesinados 23 revolucionarios en la región de Holguín, el movimiento se debilita y desintegra en varias partes tras la muerte de sus líderes, si bien Hernán Pérez y Carlos Borjas escapan de milagro, en Mir esta queda prácticamente a la deriva.
Comienza el andar victorioso el Ejército Rebelde en la Sierra Maestra en 1957 y el movimiento vuelve a tomar fuerza. Oscar Lucero Moya, jefe revolucionario en Holguín, llega a Mir el tres de noviembre de 1957 y en la casa de Adriano Blanco junto a Manuel Iglesias y Antonio Mora, quienes mantenían la llama revolucionaria encendida, reorganiza el movimiento de manera oficial.
En lo adelante la célula del movimiento 26 de julio en Mir sería una de las más activas de toda Cuba. Fue en Mir uno de los lugares donde más se asimiló la orden desde la Sierra de ajusticiar al sanguinario jefe del regimiento de Holguín; en Mir se preparó el revólver y un mireño, Carlos Borjas, sería quien apretara el gatillo.
Seis décadas de un hecho que marcó a los mireños, sesenta años después ese pueblo sigue en pie de lucha, inspirados en aquellos que agrupados en el movimiento 26 de Julio marcharon hacia un ideal.
