Locales

aula_calixto_garcia1.jpgHablar del maestro no es asunto fácil, porque son ellos los que guardan los más insospechados secretos de una profesión que ennoblece y enaltece el alma.

Son ellos los que desde cada amanecer hacen crecer sueños y esperanzas, los que desde sus aulas cultivan el amor y abrazan generaciones enteras por un mundo mejor.

 

Siempre que pienso en el maestro o maestra recuerda con ternura los célebres versos de la poetisa chilena Gabriela Mistral.

 

Si amas tu trabajo a medida que pasa el tiempo.
Si tus castigos son fruto del amor y no de la venganza.
Si en cada clase tuya tratas de renovarte.
Si sabes seguir un método sin convertirlo en esclavo.
Si en lugar de enseñar sabes también aprender.
Si sabes estudiar de nuevo lo que crees saber.
Si sabes instruir y mejor todavía educar.
Si tus alumnos anhelan parecerse a ti.
Entonces tú eres Maestro.

 

Ahondar en ellos es remarcar en el modelo de maestro que todos queremos ser, porque no es mejor maestro el que enseña más, sino el que lo hace con amor y dedicación.

 

En días como este uno mira hacia atrás con agradecimiento a quienes nos formaron y nos inculcaron lo mejor de su alma, a quienes con  inmensa gratitud  nos mostraron la grandeza de sus sentimientos. A esos que nos enseñaron también a plantar un árbol, a amar la naturaleza, y a los que nos condujeron por el buen camino de la vida.

 

Recordamos con nostalgia nuestra primera escuela, los primeros maestros, los primeros compañeros, y luego otras enseñanzas que nos hicieron madurar como estudiantes, la secundaria básica y la preuniversitaria.

 

Hoy miramos con añoranza las escuelas en el campo, aquellos sitios donde aprendimos a ser un poco más independientes, a convivir en colectivo, y a formarnos en nuestra futura profesión. Volver a ellas es revivir esa etapa feliz de la vida, sin cansancios, y sin desvelos. Luego la universidad, otra etapa importante de la vida, en la que  aprendimos a valorar más el tiempo, y la perseverancia por lograr un objetivo se hace infinita.

 

Por eso en este día tan especial, todos merecen nuestra eterna gratitud por su constancia, su esmero y su dedicación a la noble tarea de educar. A ellos les damos gracias, a los de ayer, a los de hoy y a los de siempre por convertirse en eternos guerreros de una gran batalla: La Educación y la Cultura.   
  

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