Baile en la fiesta campesina del barrio de Las Mantecas, municipio de Calixto García. Fotos: Daer Pozo (archivo)Sabido es que el baile, a través de la larga historia de la humanidad, ha tenido tres funciones fundamentales, a saber, religiosa, artística y lúdica o por puro placer, siempre acompañada de la música sobre cuyas bases se ha asentado la cadencia de los pasos de la humanidad.
No quiero hacer la historia del baile en Cuba, hermosa historia por cierto, con nombres inolvidables, sitios emblemáticos y ritmos imprescindibles, sólo deseo llamar la atención sobre la importancia de esta manifestación para el sostenimiento de nuestra identidad y para la definición de un estilo de vida, porque el cubano es baile, es armonía maravillosa en las caderas de una trigueña o en las nalgas de una mulata que suda al compás de una timba.
Baile con Órgano en Guayabo. Somos baile en las frases y refranes callejeros, somos baile en el acto sublime de vivir el día a día, somos baile en la calle, en la casa y en la obra. Somos de esa fibra mágica y compleja de la que están hechos los tambores y el tingo talango, crecimos en el fuego de los trópicos, con la leña de los palos sagrados del monte cautivo del África austral, de las flechas de Indias y del ignominioso látigo de sangre azul.
Aquí crecimos, bailando en medio del meloso guarapo de trapiches, entre tantas espaldas sudadas y oliendo a barracón, entre la maleza de las lomas y los disparos de máuser y carabinas. El cubano bailó siempre, bailó en las buenas y en las malas, en las verdes y en las maduras, en las altas y en las bajas.
Para nosotros los cubanos el baile es como respirar, es parte esencial de nuestro alimento espiritual. Decir Cuba es decir, entre muchas cosas, baile. A los cubanos nos gusta presumir de tener ciertas preferencias identitarias de la caliente región que habitamos, como la inevitable relación con el mar, el aguardiente, las hembras (en el caso de los hombres), los juegos, la palabra, la honra,…y nos gusta bailar. ¿Qué se le va a hacer?




